COMO MANEJAR LAS DEFICIENCIAS DE MICRONUTRIENTES Parte 3

Manganeso

Con ligeras diferencias, el caso del Manganeso es similar al del Fierro. Hemos observado que el reporte de análisis de suelo hasta cierto punto es preciso al mostrar lo que está disponible para la absorción de la planta. Por otro lado, es muy común que las aplicaciones de Manganeso se realicen en forma foliar y que, aunque éste permanezca en la superficie de la hoja, realmente no se absorba. Debido a ello, el análisis foliar es sumamente impreciso, ya que no es posible lavar con facilidad el residuo de Manganeso de la superficie del follaje por lo que si bien éste elemento aparece en el análisis foliar, no hay relación con la cantidad de Manganeso que la planta ha absorbido efectivamente; de ahí que, aunque se realicen muchas aplicaciones foliares de Manganeso, vemos muchas deficiencias.

En relación a este micronutriente, nuevamente, encontramos que el análisis de savia es el más preciso. Cuando empezamos a usar éste tipo de análisis, era muy común que recomendaramos aplicaciones foliares de Sulfato de Manganeso. En éste caso, el análisis foliar reportaba un cambio muy rápidamente, por lo que pensamos que la aplicación estába haciendo una diferencia; sin embargo, cuando comenzamos a usar el análisis de savia, observamos que los niveles de Manganeso no se movían, es decir, realmente no se estaba generando ninguna diferencia, de ahí que descubrimos que en el análisis de savia no se extraían los nutrientes que estaban en la superficie de la hoja.

Los cultivos que se producen en suelos minerales son casi universalmente deficientes en Manganeso debido a la oxidación excesiva, aún así, casi nunca recomendamos la aplicación de Manganeso al suelo por las mismas razones que en el caso del Fierro. Muchos suelos minerales contienen Manganeso en las primeras 6 pulgadas (12 cm.) del perfil, en un rango de 200 a 400 libras por acre (224 a 450 kg/ha aproximadamente), a veces más, a veces un poco menos, pero ciertamente es un nivel lo suficientemente alto como para que raras veces se necesite aportar éste elemento. El objetivo debe ser estimular la biología para extraer el Manganeso que está presente en la matriz mineral del suelo y hacerlo disponible para las plantas. El único caso en el que se consideraría la aplicación de Manganeso al suelo es cuando éste no lo contiene en su perfil geológico, por ejemplo, en suelos con alto contenido de materia orgánica o en suelos muy arenosos.

Ahora bien, tanto las nervaduras del follaje de la planta como el área intervenial deben ser del mismo color, digamos que de un verde oscuro uniforme. Cuando las nervaduras de la hoja son de color más claro que el área entre ellas, es señal de una muy leve deficiencia de Manganeso.

Los síntomas de carencia de Manganeso son casi universales (en pastos, granos y malezas), debido a la forma en que hemos manejado nuestros perfiles de suelo; excepto para aquellos cultivos como los arándanos (rojos y azules), que se producen en ambientes muy reducidos con abundante Manganeso disponible, los cuales frecuentemente no muestran signos de deficiencia de Manganeso.

Molibdeno

En lo que se refiere a este mineral, los análisis de suelo son generalmente precisos, los análisis foliares lo son hasta cierto punto y los más precisos son los análisis de savia.

El Molibdeno es un anión como el Nitrato, el Azufre y el Boro, por lo que se lixivia del perfil del suelo. Este micronutriente se encuentra muy disponible a pH´s altos.

Ocasionalmente recomendamos su aplicación al suelo considerando cantidades muy pequeñas (onzas por acre o gramos por hectárea). Realmente se prefieren aplicaciones foliares porque así sabemos que llega a la rizosfera, lo cual es un aspecto importante cuando se trata de una corrección al suelo (particularmente si se están produciendo cultivos perennes como el caso de pastos ó huertos).

Cuando el Molibdeno se aplica como enmienda, sobre la superficie del suelo (asperjándolo para lograr una mejor distribución), la biología actuará sobre él durante un periodo y con suerte la planta lo absorberá y se moverá por toda su estructura. Este puede ser un proceso que tome semanas ó meses dependiendo de las características del suelo, condiciones de humedad, actividad microbiologica, etc.

Cuando se realiza la aplicación foliar, la planta puede absorberlo inmediatamente, y distribuirlo por todo el perfil de suelo, de esta forma no solo permanece en la media pulgada mas superior (1.3 cm. aprox.), sino que realmente se mueve hacia abajo, tan profundo como llegan las raíces.

Si se tiene un cultivo de cobertura y se desea mover muy rápidamente Cobre, Zinc ó Manganeso en el perfil del suelo a una profundidad de 6 a 8 pulgadas (15 a 20 cm aprox.) o más, simplemente se puede realizar una aplicación foliar fuerte de micronutrientes unos días antes de terminar el cultivo ó bien unos días antes de incorporarlo. Esta es una manera en la que se pueden mover microelementos hacia abajo a través del perfil del suelo de manera muy rápida y efectiva. De hecho, se está utlizando a la planta como un vehiculo para moverlos a mayor profundidad en vez de que sólo permanezcan en la superficie foliar.

Zinc

Es el único microelemento metálico que no existe en el suelo en diferentes estados de oxidación, por lo que es el único con el que vemos mayores respuestas de los cultivos a las aplicaciones al suelo.

Generalmente los reportes de análisis de suelo son precisos y se correlacionan con lo que las plantas nos están diciendo.  Los análisis foliares también son precisos hasta cierto punto, al menos en términos de la absorción de Zinc del suelo, y una vez más, el análisis de savia es muy preciso.

En la producción agrícola convencional, el Zinc es el microelemento más ampliamente utilizado, pues es el más documentado en lo que respecta a sus efectos favorables en el rendimiento. En maíz se aplica en banda al momento de la siembra y con frecuencia también foliarmente. No obstante, el Manganeso da una respuesta de rendimiento aún mayor que el Zinc; el Cobre y el Boro también proporcionan respuestas de rendimiento significativas.

Es probable que la razón por la que el Zinc ha sido el micronutriente en el que se ha centrado la agronomía convencional, sea que funciona incluso en suelos que tienen una biología limitada. Asimismo, es el único microelemento que notiene diferentes estados de oxidación. Si se hiciera el mismo grado de investigación con las formas reducidas y queladas de Manganeso, de igual manera éste sería ampliamente utilizado, sin embargo, no lo es porque debe manejarse un poco más cuidadosamente que el Zinc.

Comúnmente se recomiendan aplicaciones al suelo de Sulfato de Zinc (es la mejor fuente), y desde una perspectiva de distribución, nuevamente es preferible asperjarlo en vez de aplicarlo al voleo.

Las aplicaciones foliares también son muy efectivas siempre y cuando el Zinc esté quelado. El motivo de la quelación en éste caso no es cambiar el estado de oxidación o estabilizarlo, sino tener una absorción y translocación eficiente dentro de la planta una vez que es absorbido. Al igual que en el caso del Fierro, si se está buscando obtener una certificación orgánica, es importante pensar en el tipo de pruebas de laboratorio que se necesita para documentar con precisión las deficiencias.

Otro punto a destacar es que las fuentes naturales de micronutrientes, como las harinas de roca y la composta, rara vez contienen concentraciones lo suficientemente altas de estos minerales para corregir las deficiencias existentes en el suelo (específicamente en el caso de Zinc, Manganeso y Cobre).

El Cobre es una excepción en entornos ganaderos donde se utiliza como tratamiento alimentario. A veces es posible encontrar composta con niveles muy altos de Cobre, lo suficientemente altos como para que puedan convertirse en un problema.

En ciertos lugares podemos encontrar materiales de tipo natural que contienen concentraciones más altas de Cobre, pero generalmente no debemos pensar en harinas de roca (materiales extraidos de minas), como posibilidad para cambir los niveles de Zinc, Manganeso, Cobre y Cobalto en el perfil de suelo. Estas posiblemente puedan suministrar algunos oligoelementos como el Selenio y el Níquel, que se requieren en fracciones de una parte por millón, pero comúnmente no son capaces de suministrar niveles adecuados de Zinc Manganeso y Fierro, es decir, de los microelementos que necesitan provenir del perfil geológico del suelo o de las formas más puras de micronutrientes que aportamos directamente una vez que se tiene una adecuada biología en el suelo liberando todo lo que se encuentra en su matriz mineral.

Fuente: “How to Address Micronutrient Deficiencies” Webinar hosted by AEA. Featuring John Kempf

COMO MANEJAR LAS DEFICIENCIAS DE MICRONUTRIENTES Parte 2

COBALTO

En el caso del Cobalto, tanto los reportes de análisis de suelo como los de análisis foliares generalmente son precisos, sin embargo, el análisis de savia es el más acertado.

Este elemento tiende a concentrarse en los ápices de las raíces en crecimiento. Cuando se realiza un análisis de las raíces y además un análisis foliar, nos revelan que el 90% del Cobalto de la planta está en el sistema radical y no en las hojas (lo cual es interesante debido a su asociación con la síntesis de citocininas y la inhibición de la síntesis de etileno).

Es uno de los micronutrientes que se encuentra en el suelo en diferentes estados de oxidación, no obstante, se tiene buena respuesta a las aplicaciones al suelo de Sulfato de Cobalto, tanto de los cultivos como de la biología. Esta es la mejor forma de aplicarlo y se sugiere que sea asperjado al suelo para tener una distribución más uniforme.

El Cobalto es crucial para la biología del suelo, que tiene un requerimiento extremadamente alto de este elemento para formar vitamina B12 (cianocobalamina) o metil cobalamina. Por ello cuando se aplica, en su mayor parte la comunidad microbiana lo consume muy rápidamente y en consecuencia no permanece en estado oxidado por mucho tiempo en el perfil del suelo.

Debido a las dosis de aplicación, comunmente vemos los niveles deseados de 0.5 a 1.0 ppm aproximadamente (dependiendo del tipo de extracción efectuada en el análisis de suelo que se esté realizando, ya sea Melich 3 o DTPA).

Por la inestabilidad que el Cobalto presenta en el suelo, se sugiere manejarlo en aplicaciones foliares para asegurarse de tenerlo en suficiente cantidad durante toda la temporada de crecimiento.

COBRE

En lo que se refiere a este elemento, encontramos que el anális de suelo generalmente es preciso, el análisis foliar con frecuencia es un tanto impreciso, mientras que el análisis de savia es el más acertado.

En algunos casos se recomienda realizar aplicaciones de Sulfato de Cobre al suelo (ésta es la mejor forma de aplicarlo), usualmente cuando se trata de suelos arenosos muy ligeros que carecen de este mineral en su perfil geológico, o bien que tienen niveles de Cobre extremadamente bajos y en los que no se está aplicando este elemento para control bacteriano. En este tipo de situaciones, lo mejor es aplicarlo en aspersión para tener una distribución más uniforme.

Es importante tener en cuenta la posible desventaja de las aplicaciones de Cobre al suelo, ya que al llegar a cierto nivel puede inhibir las poblaciones microbianas. A medida que aumenta la cantidad de Cobre, las poblaciones de microorganismos se reducen en consecuencia, hasta que se cruza un umbral de aproximadamente 30 ppm, momento en que la biología del suelo se ve seriamente afectada en forma muy rápida. Por lo anterior, las aplicaciones foliares usualmente son preferidas y sólo en ciertos casos se recomienda manejar aplicaciones al suelo.

FIERRO

Para el caso del Fierro, el reporte de análisis de suelo es extremadamente inexacto, no tiene nada que ver con lo que realmente está sucediendo en el ámbito del suelo.

Sabemos que la corteza terrestre contiene aproximadamente un 4.0 % de Fierro. No hay escasez de este elemento en la mayoría de nuestros perfiles de suelo, por lo que no debería haber necesidad de aportarlo. Sin embargo, la mayor parte del Fierro que se encuentra en el perfil de suelo está en forma oxidada; una forma que las plantas pueden absorber, pero no utilizar. Esto hace que el análisis foliar (en base a materia seca) también sea realmente inexacto.No hay correlación entre los niveles de Fierro reportados en un análisis foliar, el contenido de fierro en el suelo y la suficiencia de este elemento en la planta. De hecho, en muchas ocasiones cuando se hacen análisis de suelos o análisis foliares en suelos minerales de regiones templadas de todo el mundo, encontramos que tanto el análisis de suelo como el análisis foliar muestran que existe un exceso de Fierro y sin embargo el cultivo manifiesta deficiencia de este elemento.

La mayoría de las plantas no muestran deficiencias de Fierro porque éstas se encuentran encubiertas por un exceso de Nitrógeno. Cuando se tiene una planta con un alto contenido de Nitrógeno, éste ocultará la deficiencia de Fierro y no permitirá que se manifieste visualmente, aun cuando ya está afectando su funcionamiento y su rendimiento. Una vez que el cultivo se empieza a manejar de manera diferente y deja de haber exceso de Nitrógeno (que le está causando otro tipo de problemas fitosanitaros), se puede realizar una aplicación foliar de Fierro reducido y observar lo que sucede. En cuestión de unos días después de la aplicación, se tendrá una respuesta notable a la aportación de Fierro, incluso cuando el análisis foliar reporte que se tiene niveles abundantes de éste elemento en la planta, porque el Fierro que está dentro de ella no es fisiológicamente activo.

En la experiencia con productores convencionales de forraje (para ganado de carne o lechero), que realizaron análisis de savia y análisis foliares; estos últimos mostraron niveles excesivos de Fierro, de 40, 60, 80 a 100 ppm o más, mientras que el análisis de savia reportó niveles de deficiencia. El análisis de savia no muestra la forma oxidada del Fierro como lo hace el análisis foliar.

Ahora bien, en base al bajo nivel de Fierro encontrado en el análisis de savia, se realizaron aplicaciones foliares de este elemento y el nivel aumentó muy rápidamente; sin embargo, a medida que esto ocurrió, el nivel de Fierro en el análisis foliar disminuyó hasta llegar cerca del rango deseado. Pareciera que una vez que la planta obtiene el Fierro en la forma adecuada (fisiológicamente activa), deja de consumir Fierro en exceso del perfil del suelo en la forma incorrecta.

Aparentemente, aun cuando las plantas están tomando Fierro oxidado del suelo, continúan absorbiéndolo porque reconocen que tienen una deficiencia; necesitan más y están tratando de obtener todo lo que pueden para ponerlo en el estado correcto. No obstante, éstas altas concentraciones de Fierroafectan la absorción de otros micronutrientes metálicos; la planta no está funcionando correctamente y esto aumenta significativamente la susceptibilidad a enfermedades. Los niveles excesivos de Fierro en la forma incorrecta son un reto significativo desde la perspectiva de la resistencia a enfermedades.

Algo que se debe considerar cuando se busca la certificación orgánica, es que para poder aplicar micronutrientes se necesita tener una deficiencia documentada con un análisis de tejido o con un análisis de suelo. En la mayoría de los suelos en América del Norte y en todo el mundo, reiteradamente se han documentado excesos en lugar de deficiencias, porque la extracción en laboratorio reporta elementos que la planta realmente no puede utilizar. Por este motivo se recurre al análisis de savia, asi como para describir y documentar una deficiencia.

Debido a que el Fierro es tan abundante en el perfil, prácticamente casi nunca recomendamos su aplicación al suelo y cuando lo hacemos, solo es en el caso de suelos que carecen de este mineral en su perfil geológico; posiblemente suelos muy arenosos que son fundamentalmente arena de playa.En su lugar, nos ocupamos en desarrollar la biología para convertir el Fierro que se encuentra en el perfil del suelo de la forma oxidada a la reducida y preferentemente nos enfocamos en las aplicaciones foliares. Cómo este desequilibrio de oxidación excesiva está presente en muchos lugares, los cultivos que se producen en un gran número de suelos minerales son casi universalmente deficientes; esto también ocurre en suelos que tienen muchas aplicaciones de fertilizantes como Nitratos, piedra caliza, etc.; debido a que todas estas fuentes tienen un efecto oxidante.

La clave no es aplicar más cantidad de Fierro al suelo, sino cambiar su perfil microbiano para liberar el que contiene y de ésta forma no tendríamos que comprar más.

Fuente: “How to Address Micronutrient Deficiencies” Webinar hosted by AEA. Featuring John Kempf

COMO MANEJAR DEFICIENCIAS DE MICRONUTRIENTES Parte 1

Para manejar las aplicaciónes de micronutrientes de manera adecuada, es necesario tenerlos en el estado de oxidación correcto y la biología del suelo tiene la capacidad de convertir los microelementos que se encuentran en el suelo a los diferentes estados de oxidación.

Cuando se consideran las deficiencias de micronutrientes, uno de los aspectos a considerar es la observación visual de la manifestación de dichas deficiencias. Ciertos tipos de mediciones y algunos tipos de análisis de laboratorio no muestran correlación con los resultados obtenidos en campo, por lo que se puede generar confusión. Lo deseable es tener cultivos con una integridad nutricional tal, que nunca las veamos aparecer. Si la deficiencia es tan marcada y severa que se está mostrando visualmente, esto nos indica que ya ha tenido un impacto muy significativo en el potencial de rendimiento del cultivo.

Por otra parte, si bien es cierto que los síntomas que manifiestan los cultivos (incluso las malezas) ante estas deficiencias nutricionales son bastante universales; también existe una varibilidad individual dentro de los diferentes cultivos para algunos de estos indicadores de deficiencias de microelementos y síntomas, es decir, algunos cultivares los muestran de manera diferente a otros.

Ahora bien, al realizar aplicaciones de micronutrientes, es necesario que se encuentren en el estado de oxidación correcto para que la planta tenga un funcionamiento óptimo; esta consideración no aplica en el caso del Boro, Zinc y Molibdeno, pero si para todos los demás microlementos y minerales traza como el Manganeso, Fierro, Cobre, Cobalto, Selenio, Niquel, Vanadio, Rodio y algunos otros.

Algunos de los principales micronutrientes que se manejan en la producción agrícola pueden tener diferentes estados de oxidación, por ejemplo, el Fierro puede ser Fe ++, Fe +++ o Fe ++++. Y cuando están en forma oxidada, algunos se comportan de manera diferente en las poblaciones microbianas del suelo y dentro de las plantas, por ejemplo, las plantas no tienen la capacidad de absorber el Manganeso en forma oxidada, mientras que, en el caso del Fierro, si pueden absorberlo en ésta forma, pero no pueden utilizarlo. Por esta razón, lo ideal para las plantas es que absorban microelementos como el Fierro, Manganeso, Cobre, Cobalto y Selenio, en forma reducida en lugar de en forma oxidada.

¿Cómo se puede tener un producto que esté en forma reducida y que permanezca en ésta forma?

Lo primero sería adquirir los nutrientes en forma reducida, pero, a decir verdad, es difícil obtener un bulto de minerales que estén en ésta forma. Si se consiguen Óxidos (p. ej: Oxido de Fierro), este tipo de fuentes, asi como todas los que tienen indicios de monóxidos, en el mismo nombre nos indican que los nutrientes se encuentran en forma oxidada.

Por lo que respecta a los Sulfatos (Sulfato de Fierro, de Mánganeso o de Cobre), éstos contienen la expresión SO4 en su fórmula química. Es decir que tienen 4 componentes de Oxígeno, lo que significa que generalmente se oxidan, por ello, primero deben ser disociados (en solución) de sus componentes oxidantes, luego ser convertidos a la forma reducida y finalmente ser estabilizados para que permanezcan en dicha forma.

Cuando se trabaja con la bioquímica de las recciones redox, es determinante que los minerales sean convertidos a la forma reducida y luego quelados para que permanezcan en dicha forma. Esto es particularmente relevante para el caso de las aplicaciones foliares y también para aplicaciones que se hacen en banda al momento de la siembra o trasplante. La quelación no es opcional, los micronutrientes deben ser quelados por 2 razones:

1.-Evitar su oxidación en la superficie foliar; digamos por ejemplo se tiene Manganeso reducido en un tanque de aspersión y se va a realizar una aplicación foliar mediante una boquilla. Las pequeñas gotas que caen en la superficie de la hoja se secan ahí, pero mientras esto ocurre, están expuestas al oxígeno del aire, por lo que el Manganeso puede oxidarse muy rápidamente.

2.-La quelación mejorará la absorción de los nutrientes por parte de la planta, lo cual es sumamente importante.

Existen diferentes agentes quelantes, mismos que tienen diferentes efectos. Los mejores agentes quelantes son aquellos que proporcionan movilidad en el floema ya que permiten que los quelatos de micronutrientes se muevan más fácilmente dentro de la planta; se aplican en el follaje y de ahi pueden moverse hacia los frutos o bien hacia las raíces. Esto es muy importante cuando queremos utilizar microelementos para producir resistencia a enfermedades, por ejemplo, se sabe que una abundante presencia de Manganeso en el sistema radical puede proporcionar resistencia a Fusarium. Gracias a este elemento, la planta puede propiciar el encorchamiento de las células para aislarlas y crear así una barrera que evite la propagación de la infección, dondequiera que ésta se haya originado. Si queremos mover el Manganeso de las hojas hacia el sistema de raíces para lograr este efecto protector, necesita ser quelado. Las aplicaciones de Sulfato de Manganeso no darán ningún resultado porque el mineral no está quelado y no se mueve hacia el sistema radical.

Podemos decir que la necesidad de quelación es particularmente crítica para el caso de aplicaciones foliares, pero también para las aplicaciones que se realizan en banda al momento de la siembra y/o trasplante. El único caso en el que la quelación no se considera necesaria es cuando se hacen aplicaciones de enmiendas de suelo. Este tipo de aplicaciones sólo son apropiadas para algunos micronutrientes en ciertas situaciones.

BORO

En lo que respecta a la correlación que existe entre la información proporcionada por los diferentes tipos de análisis de laboratorio sobre este mineral y lo que se observa en campo, encontramos lo siguiente: Los resultados del análisis de suelo generalmente son precisos, los del análisis foliar generalmente son inexactos (la falta de exactitud puede variar dependiendo de la velocidad de crecimiento de la planta), mientras que los del análisis de savia son los más acertados.

Las aplicaciones de Boro como enmienda de suelo son convenientes. Generalmente, lo menos costoso y lo más efectivo es realizar aplicaciones de Boro para todo el ciclo del cultivo con anticipación (a menos que se trate de un clima en el que se tengan lluvias muy abundantes y que éste elemento pueda lixiviarse). Todas las formas de Boro funcionan bien. Este no es uno de los elementos de los que debamos preocuparnos por diferentes estados de oxidación.  Diversas marcas comerciales ofrecen el producto “Solubor” (Octoborato de Sodio Tetra Hidratado) con distintos nombres. Este es el producto más soluble y tiene un contenido de Boro de 20.5%. (es el más fácil de disolver y aplicar).

El ácido Bórico es la forma de Boro que las plantas absorben más fácilmente y también es la que más fácilmente produce efectos tóxicos en ellas. Por esta razón, muchos productores y empresas optan por no utilizarlo (existe cierta preocupación acerca de los efectos de toxicidad que se pueden presentar).

Si se desea realizar una aplicación en seco (al voleo), se puede utilizar cualquiera de los productos granulados de Boro al 10%. Sin embargo, para una aplicación tipo enmienda se sugiere rociarlo sobre el suelo en vez de aplicarlo al voleo ya que se obtiene una distribución mucho mejor (más uniforme y equitativa). Se recomienda aplicar aproximadamente 0.56 kg/ha de Boro efectivo por cada 254 mm de precipitación pluvial anual (no se trata de un producto de Boro al 10%). De tal forma que si estamos el Este de EE. UU., donde tenemos aproximadamente 1016 mm de lluvia al año, sabemos que ésta cantidad de lluvia tiene la capacidad de lixiviar alrededor de 2.0 libras (0.97 kg) de Boro del perfil de suelo.

El Boro es un anión como el Nitrógeno y el Azufre y se lixivia con mucha facilidad, hasta que el suelo desarrolla un alto contenido de materia orgánica estable que puede retenerlo gracias a una alta capacidad de intercambio anionico.

Una vez que se tiene ésta gran capacidad de intercambio de aniones, con frecuencia nos damos cuenta de que no es necesario seguir realizando aplicaciones periódicas de Boro. No obstante, mientras no lleguemos a ese punto, es recomendable realizar sistemáticamente una aplicación de Boro tipo enmienda de suelo cada año, y continuar así

hasta que el reporte de análisis de suelo muestre que los niveles de Boro se mantienen de forma estable en el perfil en un valor de 3.0 ppm. A partir de ese momento se detienen las aplicaciones y no se retoman, a menos que, ya sea el análisis de savia o el análisis de suelo, muestren que por alguna razón los niveles de éste elemento están bajando nuevamente.

En un sistema agrícola verdaderamente regenerativo, dichos niveles deben permanecer bastante estables y no deberíamos ver ninguna disminución.

Cuando se hacen aplicaciones foliares de Boro, un aspecto importante que se debe considerar es que existan niveles adecuados de Calcio (particularmente en el caso de cultivos sensibles). Los síntomas de un exceso de Boro son los síntomas de una deficiencia de Calcio.

Cuando por algún motivo se manifiesta un exceso de Boro, simplemente hay que hacer una aplicación foliar de Calcio, y, dependiendo de la gravedad del problema y la tasa de crecimiento de la planta, esto puede revertir los síntomas y resolver la situación. Los síntomas visuales pueden desparecer en un lapso de 48 a 72 horas, a veces un poco más, a veces un poco menos, pero éste es un plazo razonable para esperar que una aplicación de Calcio solucione un síntoma de toxicidad por exceso de Boro.

Fuente: “How to Address Micronutrient Deficiencies” Webinar hosted by AEA. Featuring John Kempf

SEIS SECRETOS PARA EL ÉXITO EN LOS ANALISIS DEL SUELO Parte 2

LAS SEIS PROPORCIONES QUE DETERMINAN EL ÉXITO (continuación)

4. Relación Fósforo:/Zinc, obtener la cantidad correcta de los minerales relacionados con la energía

El Fósforo (P) es llamado “el mineral energético” porque es el componente fundamental del ATP (trifosfato de adenosina), que impulsa cada reacción enzimática. El ATP es, en efecto, la batería de la vida, porque las enzimas controlan todas las reacciones biológicas y la vida se detiene sin ATP. El Fósforo también es el principal mineral requerido para generar la inmunidad en las plantas, y la producción de glucosa a partir de la fotosíntesis, se basa principalmente en enzimas a base de fosfato.

Por otra parte, el Zinc (Zn) se identifica como “el micronutriente energético”, porque es necesario que se encuentre en equilibrio correcto con el Fósforo para garantizar que el fosfato se active como debería. El Zinc también está relacionado con la absorción de agua y con la actividad de los organismos fijadores de Nitrógeno, y lo más importante es que se requiere para que las plantas y los microorganismos benéficos del suelo produzcan auxinas (para apoyar a la planta huésped). Las auxinas son un grupo de hormonas que proporcionan una serie de beneficios esenciales a la planta y el más importante de estos beneficios se relaciona con el tamaño de la hoja.

La hoja es el panel solar que determina el rendimiento fotosintético y el Zinc controla el tamaño de la hoja. Una deficiencia de Zinc ocasiona hojas con imperfecciones, menos producción de glucosa y una inevitable reducción del rendimiento. Es por esto que generalmente se considera que el Zinc ofrece la mejor relación costo-beneficio de cualquier micro nutriente.

Una deficiencia siempre será costosa, por lo que solucionarla es relativamente económico. La clave es aportar Fósforo y Zinc en una proporción que garantice el máximo desempeño de ambos minerales. Es importante tener en cuenta que la proporción es más importante que las cantidades y en este caso, la mejor proporción es 10 partes de Fósforo por 1 parte de Zinc (10:1).

Si, por ejemplo, el análisis de suelo reporta 30 ppm de Fósforo y 3 ppm de Zinc, ambos minerales están técnicamente deficientes, sin embargo, la proporción entre ellos es correcta (10:1). Mantener esa proporción es clave cuando se realizan enmiendas de suelo, ya que resulta contraproducente elevar los niveles de Zinc al mínimo requerido de 5 ppm (es menos costoso resolver la deficiencia del Zinc que la de Fósforo), ignorando la corrección del Fósforo. Retomando el ejemplo mencionado, la relación ideal que se tenía se vería afectada al reducirse a 6:1, lo cual es peor que no hacer alguna corrección. Si se tiene un presupuesto limitado, hay que limitar la enmienda en base a ello, asegurándose de mantener siempre la proporción Fósforo/Zinc de 10:1.

5.- Relación Potasio/Sodio, equilibrar los cationes similares

El Potasio y el Sodio son dos de los principales cationes que se almacenan en forma más abundante en los coloides del suelo. Recordemos que la “saturación de bases” en el análisis de suelo se refiere a los porcentajes relativos de los cationes básicos que incluyen Calcio, Magnesio, Potasio, Sodio e Hidrógeno, los cuales están adsorbidos en los coloides de arcilla del suelo. Idealmente, se debería tener una saturación de potasio del 3 al 5% (3% para pastos y cultivos extensivos y 5% para cultivos hortícolas más intensivos) y se requiere que el Sodio sea inferior al Potasio en al menos un 25%. El sodio nunca debe exceder el 1.5% del porcentaje total de Saturación de bases del análisis de suelo, pero lo más importante es que nunca debe haber un mayor porcentaje de Sodio que de Potasio. Si esto ocurre, las plantas pueden tener problemas para diferenciar entre ambos minerales. La planta parece asumir que, en forma natural, el Potasio estará presente en cantidades más altas, por lo que simplemente extrae el mineral que se encuentra presente en mayor porcentaje en ese momento. Si éste es el Sodio, entonces hay problemas. El Sodio modifica el potencial osmótico de las células, revienta las paredes celulares y provoca quemaduras en los bordes de las hojas. Por otro lado, la planta no tiene la cantidad necesaria de Potasio para traslocar azúcares, abrir estomas, endulzar e incrementar el tamaño de los frutos o granos, fortalecer tallos, etc. Como resultado de este desequilibrio, el cultivo sufrirá limitaciones de rendimiento y calidad. La clave es mantener siempre un mayor porcentaje de Potasio que de Sodio en términos de Saturación de bases.

La proporción ideal de Potasio/Sodio puede ser alrededor de 4:1, pero lo fundamental es garantizar que los niveles de Sodio nunca sean más altos que los de Potasio.

6.- Fierro/Manganeso, asegurar el suministro adecuado de los potenciadores inmunitarios

El Fierro y el Manganeso son micronutrientes esenciales para la resistencia de las plantas. La planta usa estos minerales para crear una gran cantidad de compuestos para defenderse de las plagas y enfermedades.  

Nuestro objetivo es garantizar que el suelo contenga más partes por millón (ppm) de Fierro que de Manganeso. Sin embargo, esta proporción nunca debe exceder 2 partes de Fierro por una parte de Manganeso (2:1), o puede provocarse una deficiencia de Manganeso. Cuando se suministran en exceso, el Fierro y el Manganeso son antagónicos entre sí, por lo que un exceso de Manganeso también puede inducir una deficiencia de Fierro. La clave es lograr el equilibrio deseable, en el que haya más Fierro que Manganeso, pero nunca en una proporción mayor de 2:1.

Si tuviéramos que ser menos específicos, lo más importante es asegurarnos de que el contenido de Fierro sea mayor que el de Manganeso en todo momento.

Ahora bien, no siempre se puede tener la certeza de que un desequilibrio de estos minerales en el suelo afectaría negativamente la absorción de cualquiera de ellos, ya que también pueden estar involucrados otros factores, incluidos el tipo de suelo, las condiciones ambientales y los niveles de materia orgánica. Esta observación realmente es aplicable a las seis proporciones previamente descritas y es por eso que siempre se sugiere el uso de análisis foliares para corroborar la existencia de un problema potencial.

En conclusión:

Si se puede trabajar para mejorar las proporciones mencionadas y monitorear su avance realizando análisis de suelo regulares, se producirán beneficios. El suelo tendrá un mejor intercambio gaseoso, la biología funcionará mejor y aumentará la resiliencia del cultivo, la absorción de nutrientes, la producción y la rentabilidad.

Fuente: “Six Secrets to Soil Test Success” (Part 2).

Graeme Sait. blog.nutri-tech.com.au

SEIS SECRETOS PARA EL ÉXITO EN LOS ANALISIS DE SUELO Parte 1

El análisis de suelo es una herramienta esencial para evitar realizar un manejo a ciegas de la nutrición de nuestros cultivos. Con mucha frecuencia, la producción y rentabilidad están determinadas por restricciones nutricionales, por lo que no hay lugar para suposiciones. Un buen análisis de suelo es el punto de partida más importante, éste debe cuantificar los 14 minerales esenciales y también proporcionar los porcentajes de saturación de bases. La “saturación de bases” se refiere al porcentaje de los principales cationes (o bases) presentes en el suelo, que están unidos a su componente de arcilla. Las arcillas tienen carga negativa, por lo que atraen minerales cargados positivamente, lo cual permite almacenarlos en el suelo. Estas bases (o cationes intercambiables) comprenden el Calcio, Magnesio, Potasio, Sodio e Hidrógeno. Se ha comprobado qué es posible lograr un equilibrio ideal de dichos minerales, de acuerdo con el tipo de suelo y en relación con el cultivo especifico; de esta forma se puede maximizar la producción y reducir los problemas.

En muchos suelos, los porcentajes de saturación de bases “ideales” pueden ser 68% de Calcio, 12% de Magnesio, 3 – 5% de Potasio y menos de 1.5% de Sodio. Un equilibrio catiónico “ideal” también implicaría un 10% de Hidrógeno, porque dicha cantidad de este elemento acidificante nos permitirá tener un valor de pH de 6.3 (que se considera ideal en el suelo), en el que la mayoría de los minerales presentes están más disponibles.

En nuestra experiencia hemos encontrado que es muy importante tener ciertas proporciones de minerales en el suelo. Existen seis proporciones clave qué si se usan como guía, se puede incrementar en gran medida la productividad en campo. La idea es trabajar para mejorar cada una de ellas; si cada año se logran pequeños avances, se estará en el camino correcto y esto se reflejará en la rentabilidad del cultivo

LAS SEIS PROPORCIONES QUE DETERMINAN EL ÉXITO

1. Relación Calcio/Magnesio, la más importante de todas las proporciones:

Esta relación determina el intercambio gaseoso en el suelo, es decir, su capacidad de respiración. Cuanto mejor pueda ingresar oxígeno al suelo y posteriormente liberarse CO2 para ser empleado en la fotosíntesis, mejor será la producción, y la relación Ca/Mg es la que define este proceso.

Se podría decir que el oxígeno es el elemento más importante para el crecimiento de las plantas y la manera como ésta proporción determina la disponibilidad de oxígeno en el suelo se relaciona con lo que se llama radio iónico. Esto simplemente se refiere al tamaño del catión. El Calcio es un ion relativamente grande que tiene dos cargas positivas. Imaginemos el Calcio como si fuera una pelota de playa con una carga positiva en cada lado. Las cargas positivas son atraídas a las partículas de arcilla del suelo (coloides de arcilla) cargadas negativamente. La “pelota de playa” se adhiere a partículas de arcilla de cada lado y las mantiene unidas formando agregados de suelo estables y con espacio poroso en medio. A esto se le llama floculación, y permite que el aire rico en oxígeno entre y se difunda en el interior del suelo.

En contraste, el Magnesio sería una pelota de golf que también se une a los coloides de arcilla por ambos lados (gracias a sus 2 cargas positivas). Sin embargo, en lugar de mantener las partículas unidas, como agregados estables con espacios porosos en medio, los iones de Magnesio (que son mucho más pequeños comparativamente con los de Calcio) las acercan más. De hecho, cuanto mayor es el contenido de Magnesio en el suelo, éste se vuelve más compacto y hay menos intercambio gaseoso. Un suelo con alto contenido de Magnesio no favorece a los microorganismos benéficos que dependen del oxígeno, no obstante, el Magnesio es el elemento fundamental de la clorofila, que es clave para las plantas (y la mayoría de los organismos). Como tal, es un mineral muy importante que no debe ignorarse.

Un adecuado intercambio gaseoso se logra cuando se obtiene la proporción óptima entre el Calcio y el Magnesio, y esto a su vez, está en función de la capacidad de intercambio catiónico (CIC) del suelo. La CIC es un indicador que depende de su componente de arcilla. Un suelo arenoso puede tener una CIC de 4.0 meq/100g, mientras que un suelo arcilloso pesado puede tener una CIC de 40 meq/100 g, en cuyo caso se necesita más Calcio para ayudar a separar el alto componente de arcilla y formar agregados. En este tipo suelo, la proporción ideal de Ca/Mg podrá ser 7:1. Por el contrario, en un suelo arenoso se puede necesitar una proporción de Ca/Mg de sólo 3:1, ya que se requiere más Magnesio para ayudar a crear la estructura de la que carece. Entre más pueda acercarse a la proporción ideal de Ca/Mg de acuerdo al tipo de suelo que se tenga, mejor será el desarrollo de las plantas.

2.- Relación Potasio/Magnesio, la segunda proporción más importante

Al comparar miles de análisis de suelo con los análisis foliares de diversos cultivos desarrollados en esos suelos a lo largo de muchos años, observamos que siempre que se alcanzaba el mismo contenido en partes por millón (ppm) de Magnesio y de Potasio, la absorción de ambos minerales aumentaba en la hoja, y no sólo se maximizaba su absorción, también había un impacto positivo asociado en lo que respecta a la absorción de Fósforo.

El Fósforo es uno de los minerales esenciales para la fotosíntesis, y el más importante para promover la inmunidad vegetal, por consiguiente, la relación Potasio/Magnesio influye directamente en la capacidad de recuperación de las plantas, creando una menor necesidad de la intervención con agroquímicos y en consecuencia menos estrés

El argumento detrás de esta proporción se deriva de la idea de que “ningún mineral está aislado”. Cada mineral afecta la absorción de otros, ya sea de manera positiva o negativa. En este caso, demasiado Magnesio reduce la absorción de Potasio y viceversa. Si logramos la proporción correcta, no hay antagonismo y ambos minerales son absorbidos adecuadamente por la planta.

Curiosamente, estos dos minerales también afectan al Fósforo. El Potasio es un antagonista del fosfato cuando se proporciona en exceso, mientras que el Magnesio es un sinergista del fosfato, ya que favorece su absorción.

Si equilibramos ambos minerales, el fosfato se absorbe adecuadamente por la planta (como lo demuestra un análisis foliar) y el rendimiento y la resistencia aumentan.

El objetivo es trabajar para lograr partes iguales (ppm) de Potasio y Magnesio en el análisis de suelo (por ejemplo una relación K:Mg de 1:1), y así veremos los beneficios.

3.- Relación Fósforo/Azufre, la tercera proporción clave

Una vez más nos preocupamos por maximizar la absorción de Fósforo, sin embargo, esta relación también hace referencia a la disponibilidad del Azufre, que es un mineral frecuentemente descuidado.

Muchos suelos tienen deficiencia de azufre debido a que han cambiado dos cosas. Hace tres décadas, el azufre solía llegar libremente por medio de la lluvia. Luego se descubrió que las emisiones de Azufre de la industria estaban creando lluvia ácida y esto estaba relacionado con el deterioro de las vías fluviales y de los bosques en todo el mundo. La posterior prohibición de las emisiones de azufre significó que los agricultores ya no recibieran este importante mineral de forma gratuita, y muchos de ellos aún no han reconocido ésta situación.

El segundo cambio que afecta al Azufre se relaciona con la pérdida de humus en nuestros suelos. El humus es un importante depósito de Azufre y hemos perdido dos terceras partes de nuestro humus debido a los estragos de la agricultura industrial.

Nuevamente esta proporción es un ejemplo de que un exceso de cualquiera de los minerales antagonizará al otro. Si logramos una relación 1:1, se optimiza la absorción de ambos.

                                                              Fuente: “Six Secrets to Soil Test Success” (Part 1). Graeme Sait. blog.nutri-tech.com.au

AVIDEZ DE AZUFRE Parte 2

AZUFRE EN LA NUTRICIÓN ANIMAL Y HUMANA

El azufre también es necesario para la formación de proteínas animales. Los dos aminoácidos a base de azufre, cisteína y metionina, son fundamentales para el sistema de desintoxicación de dos fases. Actualmente tanto los animales como los humanos tenemos una mayor necesidad de un sistema de desintoxicación en pleno funcionamiento que en cualquier otra etapa de la historia.

El azufre también es importante para la síntesis de colágeno, que se relaciona con la salud de la piel de los seres humanos y la piel, el pelo y las pezuñas de los animales.

Las vitaminas B, biotina y tiamina, se forman utilizando azufre, al igual que la hormona insulina.

El azufre también es esencial para el manejo de parásitos internos y externos tanto en el ganado como en las mascotas.

FUENTES DE AZUFRE

Gran parte del azufre se absorbe en forma de sulfato (SO4) a través de las raíces, pero también se pueden absorber pequeñas cantidades como gas de dióxido de azufre a través de los estomas, que son poros microscópicos del tejido epidérmico de las hojas de las plantas superiores (ubicados especialmente en el envés), por donde se realiza el intercambio gaseoso entre la planta y el exterior.

Si un suelo tiene deficiencia de azufre, puede ser muy productivo incluir sulfatos en la mezcla de siembra o mediante inyección líquida. Un estudio realizado en Arkansas en EE. UU.  reportó un aumento de rendimiento de casi el 200% después de la aplicación de tan solo 5.0 kg/ha Sulfato de Potasio directamente en la zona de las raíces. Sin embargo, generalmente se recomiendan 25.0 kilos de sulfatos en cualquier programa de nutrición en donde el análisis de suelos revele una deficiencia de azufre.

El azufre elemental, en forma granular, también puede ser valioso en algunos contextos. Es extremadamente acidificante, por lo que se puede utilizar para bajar el valor del pH de la zona de raíces en el caso de suelos alcalinos. Debido a que la absorción de nutrientes depende del pH, la absorción de diversos minerales se ve comprometida en suelos con pH alto (alcalinos). La aplicación de unos cuantos kilos de azufre granulado en la mezcla de siembra o plantación puede reducir el pH y aumentar la disponibilidad de nutrientes.

El uso de azufre elemental puede ofrecer otros beneficios, pero debe aplicarse antes de plantar para asegurar la disponibilidad para el crecimiento de la planta.

Las bacterias del genero Thiobacillus, en gran medida son responsables de la conversión del azufre elemental a la forma de sulfato. Esto puede tardar semanas o meses dependiendo de la humedad, la aireación y la fertilidad del suelo. Estos microorganismos requieren la misma gama de minerales que el cultivo, por lo que cuanto mayor sea la fertilidad del suelo, mejor se adaptarán. Un suelo fértil será abundante en Thiobacillus, ya que contendrá los nutrientes y el oxígeno que se necesita para estimular su actividad. Por el contrario, el azufre elemental no es conveniente para un suelo compacto con alto contenido de Magnesio que carece de oxígeno.

Las dosis de aplicación productivas de azufre elemental granulado son de tan solo 5.0 kg en la mezcla de siembra y de hasta 40 kg al voleo, esparcido varias semanas antes de la siembra o plantación. Es una buena idea pensar en el azufre elemental como si fuera el fosfato de roca. En ambos casos, la forma natural insoluble puede servir para estimular a los organismos del suelo responsables de la solubilización del azufre y el fosfato y esto puede ofrecer beneficios secundarios en términos de un reciclaje mejorado y continuo de estos dos minerales.

Los fertilizantes a base de Sulfato como el Sulfato de Amonio, el Sulfato de Magnesio y el Sulfato de Potasio proveen una forma de azufre disponible para las plantas; el yeso también es una buena fuente (si se requiere Calcio). Las compostas pueden contener buenos niveles de este mineral y los productos a base de cenizas volantes pueden ser un abastecimiento económico (es importante verificar el contenido de metales pesados de estos productos antes de usarlos, ya que estos permanecerán mucho tiempo después de que los sulfatos se hayan lixiviado).

Se puede suministrar azufre a la planta al mismo tiempo que se mejora la estructura del suelo en la zona circundante a las raíces.

Referencia: “Starving for Sulfur” Graeme Sait

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AVIDEZ DE AZUFRE Parte 1

El Azufre es un nutriente frecuentemente menospreciado, que es una herramienta clave en la agricultura biológica. Irónicamente, este elemento considerado como “contaminante” atmosférico, ayuda contrarresta la toxicidad en humanos y animales y también ayuda a neutralizar los aspectos negativos asociados con el exceso de Nitratos en la cadena alimenticia y el medio ambiente.

El Azufre es uno de los tres nutrientes que circulan entre el suelo, la materia vegetal y la atmósfera. Los ciclos del Carbono, del Nitrógeno y del Azufre, dependen de bacterias especializadas, y si éstas criaturas se ven amenazadas, el potencial de reciclaje se reduce y los agricultores se ven obligados a aumentar las aportaciones para compensar el déficit.

El suministro de Azufre a la planta es determinado biológicamente de otra forma. El Sulfato es un compuesto con carga negativa (anión) que se almacena en el suelo mediante su unión con los coloides de humus positivamente cargados. El humus es un depósito de azufre, por lo que a medida que hemos agotado nuestras reservas de humus (hasta un 70% en los últimos cien años), hemos ocasionado una escasez de azufre en el suelo que ha afectado la sanidad de las plantas.

Hay otro factor que ha intensificado ésta deficiencia. El azufre se abasteció gratuitamente a través de la precipitación pluvial durante muchas décadas, cuando el dióxido de azufre salía libremente de las chimeneas industriales y volvía a caer a la tierra en forma de lluvia ácida. Sin embargo, la resultante acidificación de las vías fluviales y la muerte de los bosques, eventualmente condujo a una legislación que prohíbe las emisiones de azufre y así los agricultores pronto descubrieron una nueva deficiencia del suelo.

IDENTIFICAR UNA DEFICIENCIA

La deficiencia de Azufre en las plantas puede parecerse mucho a una deficiencia de Nitrógeno, con un efecto general de palidez y retraso del crecimiento. Sin embargo, ésta clorosis generalizada usualmente ocurre en las hojas jóvenes, mientras que el síntoma de una deficiencia de Nitrógeno aparece primero en las hojas más viejas. También hay una serie de signos de deficiencia específicos de la especie, entre ellos están, una pobre nodulación en el caso de leguminosas, frutos que no maduran completamente y el moteado en las hojas de las papas.

La deficiencia de Azufre en el suelo puede estar caracterizada por una compactación ligada a la acumulación excesiva de Sodio o Magnesio.  El yeso (Sulfato de Calcio) a menudo llamado “el triturador de arcilla” porque puede servir para abrir estos suelos pesados y compactos. El yeso se ha utilizado para este propósito desde 1776. El Sulfato se ioniza del Calcio y puede formar Sulfato de Magnesio o Sulfato de Sodio, los cuales pueden lixiviarse fácilmente de la capa superior del suelo y de este modo mejorar el intercambio gaseoso en la zona de las raíces. Sin embargo, hay ocasiones en las que el yeso puede resultar contraproducente. Las cuantiosas aplicaciones de yeso en suelos ácidos, realmente pueden ser bastante destructivas, ya que pueden conducir a la formación de ácido sulfúrico con el daño asociado a la vida del suelo.

PROTEINA VS TOXICIDAD

El Azufre está estrechamente relacionado con el Nitrógeno, ya que ambos minerales son piezas clave para la producción de proteínas. Dos de los aminoácidos esenciales, la cisteína y la metionina, dependen del Azufre, ambas son moléculas importantes tanto para la nutrición animal como humana, ya que son críticos para la desintoxicación (aumentan la protección en un mundo cada vez más tóxico).

El azufre también es necesario para la conversión del Nitrato en proteínas que ocurre en las hojas de la planta. La planta requiere Azufre y Molibdeno para producir la enzima nitrato reductasa. En ausencia de esta enzima, los nitratos se acumulan dentro de la planta, lo que atrae a los insectos (para que realicen su función de recolección de “basura”) y reduciendo la capacidad de transporte de oxígeno en la sangre de aquellos animales y humanos que consumen éste alimento tóxico. Múltiples estudios han relacionado los Nitratos con el cáncer. El ganador del premio Nobel, el Dr. Otto Warburg, identificó el anaerobismo como la principal causa del cáncer y los nitratos son una causa crucial del anaerobismo. Una pequeña inversión en azufre puede reducir la necesidad de la intervención química para el control fitosanitario, porque el exceso de nitratos es el agente más contundente de la presión de plagas.

OTRAS FUNCIONES DEL AZUFRE

El azufre también favorece la translocación de azúcares y almidones hacia las raíces, por ello se considera un nutriente tan importante para los cultivos de raíz. El yeso a menudo se aplica en banda en cultivos como cacahuate y papa para estimular ésta translocación.

Si los niveles de Brix no aumentan durante el día, puede deberse a una deficiencia de Azufre. Los Nitratos en exceso, con su inevitable efecto de dilución de nutrientes, pueden estarse acumulando en la hoja debido a una falta de Azufre. La otra causa probable de que los niveles Brix permanezcan estáticos durante todo el día es una deficiencia de Boro, ya que este mineral abre la puerta que permite el movimiento nocturno de azúcares de los cloroplastos en el follaje hacia las raíces.

El azufre también es necesario para la formación de clorofila y es un componente del aceite que da el olor característico a las cebollas y el ajo, por lo que estos cultivos son particularmente sensibles a este mineral. Las impresionantes cualidades protectoras de estos cultivos están parcialmente relacionadas con su alto contenido de azufre.

El aceite de canola también tiene un considerable componente de azufre y este cultivo también responde bien a los fertilizantes a base de Sulfato. Sin embargo, mientras que el ajo y la cebolla son alimentos de defensa invaluables, la canola produce un aceite de comida que debe evitarse en lo posible.

Muchos compuestos de Azufre forman parte del sistema de defensa natural de las plantas. Actualmente se sabe que éstas, al igual que los animales y los seres humanos, tienen su propio sistema inmunológico, y que una conciencia bien informada y la posible manipulación de este sistema, pueden ser el futuro del manejo sustentable de plagas.

Los compuestos como el glutatión, las fitoalexinas de crucíferas y los glucosinolatos, se basan en Azufre por lo que el descuido de este mineral dará como resultado una menor protección vegetal y en consecuencia la necesidad de una mayor intervención química.

Los fungicidas a base de Azufre fueron el principal método de manejo de patógenos en la agricultura desde 1802 hasta finales de la década de los 70’s y todavía se utilizan ampliamente.

En 2004, Richard Cooper y Jane Williams, en un artículo titulado “El azufre elemental como sustancia antifúngica inducida en la defensa de la planta”, demostraron que no son sólo los compuestos de azufre los que forman parte del “arsenal” de las plantas. Descubrieron que el azufre elemental en sí mismo también se utiliza como un químico de defensa que ayuda a la planta a enfrentar y superar situaciones difíciles sin apoyo.

Referencia: “Starving for Sulfur” Graeme Sait

blog.nutri-tech.com.au

¿PUEDE LA AGRICULTURA AYUDAR A DISMINUIR LA CANTIDAD DE CO2 ATMOSFÉRICO?

Para poder entender un poco más el ciclo del Carbono, a continuación, algunos datos importantes:

1.- No podemos generar nuevo Carbono. La misma cantidad de átomos de Carbono siguen presentes en el planeta desde el principio de los tiempos y estos se mueven entre tres sistemas de almacenamiento que son: en el suelo como humus, en formas de vida, por ejemplo, plantas, animales y seres humanos, o bien en la atmósfera (como CO2 y metano). El carbono se mueve entre estos tres sistemas de depósito en un fenómeno llamado Ciclo del Carbono.

2.- La mayor parte del Carbono se almacena en el suelo. De hecho, la cantidad almacenada en el suelo en forma de materia orgánica es casi el doble de la cantidad almacenada en la atmósfera (1550 gigatoneladas, contra 800 gigatoneladas).

3.- Dos tercios del Carbono que una vez estuvo en el suelo ahora están en la atmósfera. Los niveles globales de materia orgánica han disminuido en promedio de 5.0 % a 1.5 % como consecuencia del modelo de agricultura industrial.

4.-Esa gran cantidad de Carbono, que históricamente estaba en el suelo, ahora es la principal causa del incremento en la cantidad de gases de efecto invernadero que atrapa el calor, calienta los océanos e impacta significativamente el clima.

5.-La solución es devolver el Carbono a donde salió. Cuando se produce materia orgánica en nuestros suelos, se está secuestrando Carbono atmosférico en ellos.

Los agricultores pueden ayudar a reducir el efecto invernadero, pero necesitan la participación de los microorganismos del suelo que se encargan de la producción de materia orgánica estable. Desafortunadamente, las prácticas agrícolas modernas han impactado seriamente a estos organismos productores de humus.

Hongos al rescate

A diferencia de las bacterias, los hongos crean humus estable, y esta forma de carbono permanece en nuestros suelos (y fuera de la atmósfera) durante al menos 35 años. La parte preocupante de esto es que los hongos benéficos responsables de la producción de humus estable, se encuentran en muy bajas poblaciones en nuestros suelos; han sido eliminados con el uso de fungicidas, herbicidas, nematicidas, labranza excesiva, largos períodos de barbecho y el uso de fertilizantes ácidos / salinos. Un grupo de estos organismos, los hongos micorrícicos, ha sido diezmado hasta el punto de que solo queda el 10% de la población original.

Existe una necesidad importante de apoyar nutrimentalmente a estos hongos benéficos con humatos, algas marinas y cultivos de cobertura; al mismo tiempo, necesitamos inocular nuestros suelos con más de estos hongos benéficos, lo que implica la aplicación de micorrizas y tés de composta dominados por hongos.

Los hongos micorrícicos liberan una sustancia pegajosa a base de carbono llamada glomalina, que es responsable del almacenamiento del 30% del humus en el suelo. En este sentido, una solución biológica que ayude a secuestrar el CO2 atmosférico hacia el suelo es la única opción viable para reducir el calentamiento global. La reducción en las emisiones puede ayudar a reducir este problema, sin embargo, lo más probable parece ser el incremento en éstas.

Es necesario devolver el Carbono al suelo y reconocer nuestra responsabilidad en la formación de humus como una tarea primordial. ¿Cómo se puede lograr esto de la mejor forma?

Recomendaciones para la producción de Humus

-Reducir las aplicaciones de herbicidas. Las plantas arvenses tienen una gran cantidad de Carbono, Nitrógeno y Azufre, pero estos tres minerales volverán a su forma gaseosa después de que se apliquen herbicidas. Estos 3 nutrientes son muy necesarios en la mayoría de los suelos, por lo que sería ideal poder incorporar estas plantas en el horizonte O del suelo (capa superficial)

-Incluir leguminosas junto con los cultivos de cereales y cultivos forrajeros. Las leguminosas, como el trébol, tienden a nutrir el componente fúngico de la red alimentaria del suelo. Los micelios de los hongos son los que unen el humus y los coloides de arcilla para crear macro-agregados. Los suelos en los que se forman más agregados tienen un mayor espacio poroso, por lo que existe un mejor intercambio gaseoso que promueve la vida aeróbica. Por otro lado, las leguminosas fijan nitrógeno atmosférico, y liberan exudados ácidos que ayudan a la solubilización de nutrientes como el Calcio y el Fósforo.

-Establecer cultivos de cobertura integrados por diferentes especies. La combinación de diferentes especies de plantas para crear un cultivo de cobertura tiene un efecto sinérgico que mejora la actividad biológica del suelo (además de mejorar su estructura). Se recomienda incorporar plantas de las siguientes familias: Poaceae (Pastos y Cereales), Brassicaceae (Crucíferas), Fabaceae (Leguminosas) y Amarathaceae (Quenopodiáceas). Estas dos últimas familias se incluyen en pequeñas cantidades porque liberan productos químicos que tienden a inhibir el desarrollo de hongos benéficos, sin embargo, siempre deben ser parte de la mezcla de plantas que conforme el cultivo de cobertura a fin de obtener la respuesta deseada.

-Incorporar humatos al suelo. El ácido húmico es un promotor importante de los hongos benéficos encargados de la formación de humus y de los cuales carecen la mayoría de los suelos. Estos hongos buscan los carbohidratos de cadena larga y los compuestos complejos que abundan en este componente natural, y cuando se restaura adecuadamente, promueve que el Carbono estable permanezca en el suelo y fuera de la atmósfera por mucho tiempo.

-Aplicar compostas al suelo. Las compostas son mucho más que un conglomerado de sustancias húmicas creadas mediante la aceleración y optimización del proceso natural de descomposición. Proporcionan una gran diversidad y cantidad de organismos benéficos que ayudan a formar humus en el suelo. Puede haber cinco mil millones de organismos en cada cucharadita de composta, esto involucra a más de 30,000 especies diferentes. Gran parte de las poblaciones de estos microorganismos se han reducido por el uso de fertilizantes ácidos / salinos, agroquímicos y el mal manejo de nuestros suelos.

-Minimizar las labores de labranza: La labranza destruye los hongos benéficos. Cada vez que abrimos el suelo introducimos oxígeno, el cual oxida un porcentaje del humus, y si se trabaja el suelo cuando está húmedo, entonces esa pérdida se multiplica varias veces.

El principal problema con la agricultura de labranza cero, gira en torno a la dependencia del glifosato. Este herbicida tiene muchos efectos negativos en la vida del suelo, el medio ambiente y nuestra salud, por lo que es necesario encontrar alternativas ante el uso de este compuesto.

-Incrementar la cantidad de lombrices de tierra. Estos organismos digieren y degradan los residuos de cultivos, producen nutrientes para las plantas e inoculan el suelo con un grupo único de bacterias benéficas, sin las cuales, la comunidad de vida del suelo está incompleta. La mayoría de los suelos contienen una fracción de su población original de lombrices y se paga un alto precio por ésta pérdida. Las lombrices de tierra son pequeñas fábricas de fertilizantes. El material compostado que excretan difiere enormemente del suelo circundante; de hecho, contiene diez veces más Potasio, siete veces más Nitrógeno, cinco veces más Fósforo, tres veces más Magnesio y 150% más Calcio. La lombriz convierte en composta los residuos de cultivos y otros compuestos orgánicos cuatro veces más rápido que cualquier otra forma de descomposición, además de airear la zona de las raíces y transportar minerales hacia ella, lo que favorece el crecimiento y la resistencia de las plantas. Si se pudiera llegar a tener 25 lombrices de tierra por palada de tierra, estas producirían 300 toneladas de excretas por hectárea por año, lo que representa una gran aportación de fertilizante gratuito.

-Mejorar la degradación del rastrojo. En un suelo verdaderamente activo, los residuos de cultivo deberían convertirse en una parte integral de éste en el transcurso promedio de seis semanas. Cuanto antes se pueda convertir el rastrojo en humus, mejor. Los organismos como Trichoderma son excelentes digestores de celulosa y se multiplican rápidamente en presencia de residuos de cultivos. Del mismo modo, los microorganismos anaerobios benéficos pueden ayudar a degradar estos residuos, al tiempo que proporcionan muchos otros beneficios.

-Proporcionar oxígeno a los organismos del suelo. El elemento más importante para el vigor y la resistencia de los cultivos no es el Nitrógeno, el Fósforo o el Potasio; es el gas que da vida a los microorganismos, plantas, animales y humanos: el Oxígeno. La relación Calcio/Magnesio es primordial, ya que ayuda a mejorar la estructura del suelo, favoreciendo el intercambio gaseoso. En este contexto, el yeso puede ser una valiosa herramienta, pues promueve la formación de agregados, y reduce los excesos de sodio y magnesio que son minerales determinantes de suelos compactos e improductivos.

Referencias:

Sait, G. (9 de Noviembre de 2017). Capturing Carbon – Supporting The Soil That Will Save Us. Obtenido de Nutrition Matters: https://blog.nutri-tech.com.au/capturing-carbon-supporting-the-soil-that-will-save-us

COMO CREAR SUELOS SUPRESORES DE ENFERMEDADES Parte 2

Es importante conocer cómo podemos incrementar, alimentar y proteger la vida de nuestros suelos, con un enfoque constante en las estrategias para la formación de humus, ya que este es un factor fundamental para crear un suelo supresor de enfermedades.

PRÁCTICAS CULTURALES, USO DE PRODUCTOS QUÍMICOS Y COMPACTACIÓN DEL SUELO

Los tres aspectos de manejo con el mayor potencial para impactar negativamente a los microorganismos benéficos del suelo son: labranza excesiva, uso excesivo de agroquímicos y compactación del suelo.

1.- Labranza excesiva: Hay tres razones importantes para reducir las actividades de labranza:

  • Pérdida de humus: Cada vez que se trabaja el suelo, se oxida un poco de su materia orgánica y esto aumenta la liberación de CO2 a la atmósfera, lo que contribuye al efecto invernadero que está cambiando el clima de nuestro planeta.
  • Capacidad de formación de humus limitada: Los hongos que degradan la celulosa producen humus estable, el cual tiene una vida útil en el suelo de 35 años. Desafortunadamente, muchos suelos agrícolas carecen, o bien tienen poca presencia de estos organismos. Los fungicidas y nematicidas disminuyen sus poblaciones, pero con frecuencia son los herbicidas los que causan mayor daño.

Los hongos micorrícicos son los más importantes, ya que una vez que penetran en las raíces y establecen una relación simbiótica con la planta, comienzan a crear una red de filamentos hifales que sirve como una extensión masiva de la raíz. Estas hifas permiten a la planta tener un mayor acceso a nutrientes inmóviles como el fósforo y el zinc y al mismo tiempo, extraen y solubilizan otros minerales como el calcio y el potasio.

Los hongos micorrícicos producen sustancias que eliminan nematodos fitopatógenos (agalladores de la raíz) y sustancias que estimulan la inmunidad de las plantas. También producen un compuesto a base de carbono llamado glomalina, que es un exudado muy importante para el ecosistema del suelo. La importancia de la glomalina radica en que es la base para la formación del 30% de todo el humus del suelo. En este contexto podemos decir que se vuelve inaceptable destruir esta matriz de hifas cuando se lleva a cabo una labranza excesiva en el suelo.

  • Afectación de la estructura del suelo: La estructura se destruye en la medida que se realizan labores culturales en exceso. Esto aunado a los factores climáticos que provocan erosión, promueve una rápida pérdida de suelo

2.- El Dilema de los Agroquímicos

Cuantos más agroquímicos se utilicen, más agroquímicos se necesitarán, debido a que el mal uso de estos productos destruye tanto la resistencia del suelo como la de las plantas. Se produce un daño triple: los agroquímicos matan a los organismos benéficos que, por medio de interacciones como la depredación, el antagonismo y la competencia, protegen de enfermedades a las plantas. También afectan a los microorganismos benéficos que las proveen de minerales clave que son necesarios para potenciar su sistema inmunitario y por otra parte, destruyen a los organismos digestores de celulosa que contribuyen a la formación del humus.

Nematicidas:

Los nematicidas pueden eliminar una amplia gama de organismos benéficos entre los que se incluyen nematodos depredadores, que generalmente se alimentan de nematodos fitopatógenos; hongos que se alimentan de nematodos y hongos micorrícicos. Estos tres tipos de organismos integran un sistema de control natural contra los nematodos fitopatógenos, de tal forma que con el uso de nematicidas paradójicamente se está promoviendo la presencia de aquello que se está tratando de combatir, pues los primeros que regresan después de que desaparecen estos microorganismos benéficos son precisamente los nematodos agalladores de las raíces, mismos que prosperan en ausencia de sus enemigos naturales.

-Fungicidas:

Además de los patógenos a los que van dirigidos, los fungicidas matan a los hongos benéficos que son formadores de humus y también afectan la inmunidad de las plantas

El cobre elimina hongos, bacterias y protozoarios y no se lixivia fácilmente de los suelos. Si se suministra en exceso, se acumula en cada aplicación y a largo plazo se convierte en un biocida cada vez más potente. En realidad, el cobre es más dañino y persistente que la mayoría de los fungicidas y frecuentemente es la opción más mal utilizada dentro de las que ofrece el manejo orgánico.

Los productos químicos son una solución a corto plazo con consecuencias a largo plazo. No es sustentable continuar aplicando más y más agroquímicos cada año, con menos y menos resultados y con los daños colaterales que se provocan en el equilibrio biológico del suelo. Debemos trabajar con la naturaleza y no contra ella.

3.- Contrarrestando la compactación

 Además de los efectos negativos en el intercambio gaseoso del suelo, la compactación también puede generar suelos anegados, con una consecuencia costosa llamada desnitrificación. En condiciones anaerobias, existen algunos organismos aerobios que obtienen el oxígeno que requieren a partir de los Nitratos, y al reducirlos, la molécula que se forma es Dióxido de Nitrógeno que contribuye al efecto invernadero (también se puede formar óxido nitroso, que tiene el mismo efecto).

Hay dos estrategias para la solución a los problemas de compactación. Una se refiere al uso de la maquinaria agrícola; en este sentido se sugiere realizar un tráfico controlado de la misma, así como monitorear la presión de los neumáticos para distribuir el peso de manera más uniforme. La otra estrategia implica un manejo más eficiente de los minerales, los microorganismos y el humus. La proporción Calcio/Magnesio es clave para solucionar los problemas de compactación. Una adecuada cantidad de Calcio en el suelo promueve la formación de micro-agregados. Los hongos benéficos envuelven con sus hifas el humus y la arcilla alrededor de estas partículas para crear macro agregados. Este es un componente esencial de la fertilidad y productividad del suelo.

La adición de ácidos húmicos al suelo estimula el desarrollo de hongos benéficos. Además, los ácidos húmicos proporcionan un beneficio físico y químico directo al suelo. Son los estimulantes naturales de hongos más efectivos que se conocen. Producen reacciones que modifican la permeabilidad, la porosidad, la capacidad de retención de humedad, las características de absorción, el área de superficie y el intercambio de cationes en el suelo. Son la herramienta perfecta para contrarrestar la compactación, los encharcamientos y las pérdidas de Nitrógeno asociadas a estos problemas.

TRES ESTRATEGIAS PARA CONSTRUIR SUELOS SUPRESORES DE ENFERMEDADES:

-Aplicación de Compostas

Esta práctica puede ayudar a reintroducir una gran diversidad de organismos benéficos al suelo, muchos de los cuales pueden colaborar a la supresión de enfermedades. Los minerales presentes en la composta están quelados naturalmente y generalmente presentan formas muy disponibles que han demostrado aumentar la inmunidad de las plantas. Los ácidos húmicos y fúlvicos, que se encuentran en forma natural en todas las compostas, mejoran aún más su potencial supresor.

 –Tés de composta

Muchos de los organismos involucrados en la supresión de enfermedades pueden multiplicarse mediante la preparación de tés de compostas, lo que mejora enormemente su eficacia y rentabilidad. El proceso de elaboración es sumamente rápido (alrededor de 24 horas), y tiene pocos requerimientos (principalmente tener un sistema de aireación para el té).

-Aplicación de estiércol

El estiércol es un sustento para el suelo y las plantas, y si se usa correctamente, puede ayudar a crear un suelo supresor de enfermedades. Se puede compostar fácilmente en el campo si se tiene algunos residuos de cultivos presentes y un inóculo microbiano que se pueda combinar con el estiércol.  

Se debe evitar aplicar estiércol crudo directamente al cultivo. Una de las mejores formas de estabilizar el estiércol crudo es tratarlo con una mezcla de lactobacilos.

Es importante tener en cuenta qué si las aplicaciones son excesivas, su componente de Nitrato puede infiltrarse en los cuerpos de agua.

CONCLUSIÓN

El suelo no es un medio inerte, sino un ecosistema muy activo. Es importante promover y mantener la diversidad de organismos que lo habitan mediante un manejo agrícola adecuado que nos permita generar suelos supresores de enfermedades.

Referencia: Sait, G. (14 de Julio de 2016). Creating Disease Suppressive Soils – Part 2. Recuperado el 7 de Julio de 2020,   de Nutrition Matters: https://blog.nutri-tech.com.au/creating-disease-suppressive-soils-2/

COMO CREAR SUELOS SUPRESORES DE ENFERMEDADES Parte 1

Hay un creciente reconocimiento de que el control de plagas y enfermedades con productos químicos es una modalidad cuya efectividad va en descenso. Cada ciclo agrícola los productores aplican más agroquímicos como “solución” a sus problemas fitosanitarios, sin embargo, cada vez se observa menos respuesta. De hecho, en las últimas décadas, cada año se ha incrementado el consumo global de químicos de rescate, no obstante, cada año hay un aumento generalizado en la presión de plagas y enfermedades. Se ha puesto mucha atención en las innovaciones tecnológicas (GPS, imágenes de satélite, drones para monitoreo y ayudantes robóticos), pero hemos pasado por alto el componente más importante y básico de la producción de alimentos; ese eslabón perdido es la salud del suelo. La vitalidad de ésta mezcla de arena, arcilla, microorganismos, minerales y humus es determinante en la producción sustentable.

Por otra parte, la resiliencia tiene que ver con la nutrición. La nutrición en el suelo y en nuestro cuerpo implica principalmente la interrelación entre minerales y microorganismos. El uso creciente de medicamentos para el tratamiento de síntomas de las enfermedades en humanos, tiene una correspondencia directa con la historia del suelo.

¿Cuáles estrategias nos permiten crear un suelo supresor de enfermedades que reduzca la necesidad de intervención química y mejore nuestros resultados de producción? y ¿Cómo crear las condiciones óptimas para la vida del suelo al mismo tiempo que se incrementa su número y diversidad?

Dominar el medio ambiente

El medio ambiente es el entorno físico que debe promover la vida del suelo en vez de perturbarla, y es la vida del suelo, la que determina una agricultura libre de problemas.

Esa gran diversidad de microorganismos interrelacionados necesita tres cosas:

1.- Debido a que en su mayoría son organismos aeróbicos, deben tener un acceso continuo al oxígeno. La proporción mineral que determina la capacidad de intercambio gaseoso en el suelo es el equilibrio entre Calcio y Magnesio. El Calcio aumenta el espacio poroso del suelo (mayor floculación), lo que facilita la difusión del oxígeno, mientras que el exceso de Magnesio compacta el suelo, restringiendo esa capacidad. Sin embargo, el Magnesio tiene una gran importancia para la planta, ya que es el elemento central en la molécula central de clorofila.

Debido a la importancia de ambos minerales es primordial optimizar la relación Calcio / Magnesio en el suelo, a fin de maximizar el suministro de oxígeno.

2.- Los microorganismos del suelo se necesitan mutuamente. La naturaleza exige diversidad; nuestros suelos aumentan su fertilidad cuando tienen tantas especies diferentes de microorganismo como sea posible. La red alimentaria del suelo involucra una cadena de criaturas diversas que se apoyan y sostienen entre sí. Cuando eliminamos grandes segmentos de ésta cadena (con el uso de nematicidas o de técnicas de esterilización del suelo como la solarización), con frecuencia encontramos que, sin darnos cuenta, hemos seleccionado a los mismos organismos que estábamos tratando de combatir. Por ejemplo, el primer organismo que regresa a la zona cero después de la aplicación de un nematicida, es el nemátodo nodulador de la raíz. Éste prospera en ausencia de sus depredadores naturales y competidores que fueron previamente eliminados con la aplicación del nematicida al suelo. Si se puede recuperar y mantener la diversidad de la red alimentaria del suelo, entonces se crea una fuerza laboral que trabaja para el beneficio del productor en lugar de en su contra.

3.- El humus es creado por microorganismos del suelo y es el lugar en el cual sobreviven y prosperan. Mantiene la humedad que requieren tanto la biología del suelo como las plantas y amortigua las sales que de otro modo podrían dañar ambas formas de vida. Los cultivos respaldados por humus y microorganismos, exudan un tercio de su glucosa a través de las raíces para mantener la vida del suelo que los está apoyando. Hemos perdido dos tercios del humus de nuestros suelos como consecuencia del método de una agricultura extractiva y el mal uso de productos químicos y la formación de humus es una estrategia central para crear un suelo supresor de enfermedades.

El Oxigeno es clave

La presencia de Oxígeno es el requisito más importante para las plantas, microorganismos, animales y humanos y como se mencionó anteriormente, la proporción Calcio/Magnesio en el suelo, determina la entrada de oxígeno.

La proporción Ca/Mg ideal cambia, dependiendo de la cantidad de arcilla presente en el suelo. Un suelo arcilloso pesado requiere más Calcio para separar los coloides de arcilla, mientras que un suelo arenoso ligero, necesita más Magnesio para darle la estructura que no tiene.

También hay una participación biológica en la creación de un suelo con buen intercambio gaseoso, ya que la vida del suelo favorece la formación de una estructura adecuada que a su vez le permite mantenerse en él. Las bacterias exudan un gel pegajoso que crea pequeños agregados en el suelo (mini-agregados), y el micelio de los hongos envuelve estas pequeñas partículas, uniéndolas y formando partículas más grandes. Así tenemos la creación de “grumos” que dan origen a lo que se conoce como estructura migajosa o de migajón, que es la más deseable de todas las condiciones de un suelo.

En este suelo biológicamente activo, el oxígeno puede entrar libremente y el CO2 (producto de la respiración de las raíces y organismos aerobios del suelo), también puede salir libremente. Este CO2 es absorbido por la planta a través de los estomas que se encuentran en la parte inferior de las hojas, para ser utilizado en el proceso de fotosíntesis.

Es importante mejorar a toda costa, el intercambio gaseoso en nuestros suelos, sin embargo, el monocultivo, el sobrecultivo, la compactación, la aplicación excesiva de agroquímicos y fertilizantes de síntesis química, así como el mal uso del Nitrógeno y otros minerales, ocasionan el efecto contrario.

La diversidad promueve la diversidad

La diversidad de la vida vegetal promueve la diversidad de la vida del suelo. Aquí radica el gran defecto en el modelo de monocultivo, sin embargo, existen estrategias que pueden ayudar a neutralizar sus aspectos negativos. La más importante implica la inclusión de cultivos de cobertura y la introducción de una gran diversidad de microorganismos en el suelo.

¿Por qué los cultivos de cobertura brindan más beneficios cuando involucran múltiples especies de plantas? La respuesta es bastante simple: diferentes plantas promueven el desarrollo de diferentes microorganismos.

Como formar humus

Un buen punto de partida para incrementar la materia orgánica en el suelo es recuperar las poblaciones de lombrices de tierra. Las lombrices descomponen la materia orgánica para formar humus cuatro veces más rápido que el proceso de descomposición habitual, también oxigenan el suelo e inoculan nueva vida al tiempo que lo fertilizan con sus excretas ricas en nutrientes. Lamentablemente, la mayoría de los suelos carecen de ellas debido a la gran cantidad de productos químicos que se utilizan (fertilizantes y agroquímicos), al sobrecultivo y a la escasez de alimento. Para contrarrestar esta situación, es importante hacer un uso moderado de agroquímicos, amortiguar las sales fertilizantes al momento de aplicarlas y proporcionarles más fuentes de alimento. Los humatos son la mejor herramienta para amortiguar las sales y los productos químicos, mientras que el establecimiento de cultivos de cobertura constituye la mejor fuente de alimento para las lombrices de tierra.

Es importante tener en cuenta que las lombrices se alimentan de hongos benéficos y protozoarios, y muchos de nuestros suelos agrícolas carecen de ambos tipos de microorganismos. Para solucionar esto, se pueden preparar inóculos fúngicos, así como elaborar un té de protozoarios a partir de heno de alfalfa. Ambas estrategias nos ayudarán a restablecer las poblaciones de los microorganismos mencionados y las de lombrices de tierra.

Referencia: Sait, G. (14 de Julio de 2016). Creating Disease Suppressive Soils – Part 1. Recuperado el 7 de Julio de 2020, de Nutrition Matters: https://blog.nutri-tech.com.au/creating-disease-suppressive-soils-1/