Silice, El Costo oculto de los Productos Químicos Parte 3

El silicio no solo ofrece una mayor resistencia a las plagas y enfermedades y al estrés. También puede proporcionar una importante respuesta fertilizante, así como incrementos significativos en el rendimiento.

En un artículo de J. Bernal, acerca de una investigación en arroz y caña de azúcar en Colombia; con la aplicación de solo 100 – 200 kg de Silicato de magnesio por hectárea se obtuvieron incrementos en rendimiento del 14.63% en la caña de azúcar y del 21% al 33% en arroz (dependiendo de la cantidad aplicada). Una investigación iraní en arroz reflejó los hallazgos de la que se realizó en América del Sur, pero en este caso, el aumento del rendimiento fue del 22% después de aplicaciones de 500 kg de Silicio. El arroz y la caña de azúcar han sido los más investigados, ya que son reconocidos acumuladores de silicio. De hecho, el arroz tiene los niveles más altos de silicio de cualquier cultivo. No obstante, se ha detectado que la mayoría de los cultivos responden al Sílice y la investigación ahora está cuantificando la experiencia de campo.

Investigadores brasileños probaron seis diferentes dósis de aplicación de Silicato de potasio en papas y encontraron que la dosificación del 1% era la más efectiva. De hecho, 6.0 litros de Silicato de potasio en 600 litros de agua, asperjados cada semana durante el ciclo de cultivo, produjeron un impresionante aumento del rendimiento del 22.4%.

El australiano M. Lynch, un impulsor de los fertilizantes de sílice durante más de una década, presentó un reporte en un ciclo de conferencias en Sudáfrica en el que señala que los fertilizantes de sílice han superado consistentemente a los fertilizantes de alto análisis* en la producción de cereales.

Esto ha incluido un aumento en los niveles de proteína, en el rendimiento y en la cantidad de granos/cabezas, así como una reducción del material de desecho. Lynch afirma que las uvas fertilizadas con sílice tienen una cáscara de calidad superior, valores más altos de Brix, un tamaño de racimo uniforme y prácticamente una ausencia de enfermedades fúngicas.

Al incluir Silicio en su programa de manejo, un productor de aguacate del norte de Queensland se dio cuenta que dejó de perder hasta el 15% de su cosecha por efecto de la abrasión del viento. La mayor resistencia de la cásacara originó una fruta que no se marcaba al frotarse contra las ramas en condiciones de clima ventoso.

Los campos de golf con frecuencia reportan que los “greens” se usan mejor después de las aplicaciones de tierra de diatomeas líquida micronizada (una fuente rica en silicio).

FUENTES DE FERTILIZANTES DE SILICIO

Los fertilizantes de Sílice están disponibles en forma líquida y sólida y los líquidos ofrecen la respuesta más rápida.

El silicio se encuentra en buenos niveles en fertilizantes minerales de roca y en productos de fosfato de roca y guano. Sin embargo, no está en la forma disponible para la planta, y dependiendo del tamaño de partícula, pueden pasar muchos años para que se vuelva disponible. Este no es el caso si el fertilizante es un Silicato de Calcio o un Silicato de Magnesio, pero debe indagarse acerca de la solubilidad de cualquier fertilizante de Sílice que se esté considerando, aunque tampoco sería el caso si se trata de materiales que están micronizados.

La tierra de diatomeas amorfa es una fuente muy rica de sílice insoluble. Este material básicamente son los exoesqueletos de diminutas criaturas prehistóricas llamadas diatomeas. Estos restos contienen hasta un 85% de dióxido de sílice y vistos al microscopio, su concha de sílice es afilada y dentada, casi como una hoja de afeitar rota.

La tierra de diatomeas se ha utilizado como insecticida natural durante décadas, ya que las pequeñas hojas de afeitar dentadas pueden cortar el exoesqueleto del insecto agresor y hacer que se deshidrate y muera.

La veta rica en sílice de la tierra de diatomeas se puede hacer disponible para las plantas micronizando el material hasta un tamaño de partícula de 5.0 micrones, después se pueden mantener en suspensión y aplicarse mediante aspersión o fertirrigación.

Tan solo 5.0 litros de tierra de diatomeas líquida micronizada por hectárea, aplicados mediante fertirrigación de manera regular, pueden elevar los niveles de Sílice de las hojas a un nivel de holgura, con todos los beneficios asociados.

El Silicato de potasio es una buena forma de Silice soluble, pero no es compatible con muchos otros fertilizantes y con frecuencia debe aplicarse de forma independiente. Una manera de superar esta limitante es utilizar un fertilizante a base de Silicato de potasio preformulado, que incluya otros sinergistas.

EN CONCLUSIÓN

La proactividad es la esencia del enfoque biológico. Una vez que se comprende como las plantas se protegen a sí mismas, se les puede proporcionar los componentes necesarios para maximizar este proceso y minimizar la necesidad de la intervención química. En este contexto, el silicio es un prerequisito esencial para el manejo proactivo de plagas, enfermedades y estrés y debe ser parte integral de todo buen programa de nutrición.

Referencia: “Silica – The hidden cost of chemicals” Graeme Sait

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Silice, El costo oculto de los Químicos Parte 2

SILICIO- PROTECTOR DE ESTRÉS

Hay dos tipos de estrés que afectan negativamente la producción. El estrés abiótico, que se refiere al impacto negativo de los factores ambientales en los organismos vivos y el estrés biótico, que tiene que ver con la presión de las plagas. El estrés abiótico por si solo, es el factor más perjudicial que afecta el crecimiento de los cultivos y la productividad, y puede tener más impacto en el planeta a medida que el calentamiento global avanza; sin embargo, el estrés biótico no se queda atrás.

Cada año, desde que comenzamos “el experimento químico” en la agricultura, ha habido un incremento en la cantidad total de productos químicos aplicados a escala global y también cada año ha habido un marcado aumento en la presión por presencia de plagas. El camino actual no es sustentable; de hecho, no está funcionando.

Existe una relación obvia entre el estrés abiótico y el estrés biótico, debido a que los factores ambientales aumentan la presión de plagas. Prácticamente esto se está viendo en todas partes, por ejemplo, en la industria del jengibre los productores están experimentando una presión por Pythium como nunca antes la habían experimentado. Este hongo destructivo ha encontrado un nuevo nicho en las temporadas de crecimiento muy húmedas, lo cual no significa una deficiencia de fungicidas, sino que resalta la apremiante necesidad de un enfoque más holístico que ofrezca un mayor nivel de protección inherente al cultivo durante etapas de estrés.

El Silicio puede reducir el impacto de los factores de estrés tanto abióticos como bióticos y es un componente esencial de un programa diseñado para crear un suelo supresor de enfermedades y con plantas resistentes al estrés.

Cuanto más fuerte es la pared celular, la planta es más resistente al estrés, ya sea que éste provenga de organismos patógenos o bien de factores no vivos.

Parte del pronóstico del cambio climático es un incremento de los fenómenos meteorológicos extremos. El viento puede ser particularmente destructivo, ya que promueve el acame, que puede hacer que la cosecha se pierda.

En una conferencia sobre Silicio, el investigador iraní, A. Fallah, presentó un documento en el que informa sobre una reducción de Silicio en la planta, asociada con un alto uso de Nitrógeno. Ya se sabía que la sobreaplicación de Nitrógeno tiene un efecto de dilución de nutrientes y que el mineral más afectado es el Potasio. Ahora también sabemos que el mal manejo del Nitrógeno puede afectar la nutrición de Silicio y el efecto protector asociado a este mineral. En este sentido, Fallah observó un tallo más débil y una mayor susceptibilidad al acame en el cultivo de arroz estudiado. Asimismo, reportó que las plantas tratadas con Silicio tuvieron tallos mucho más fuertes y resistencia al acame.

Uno de los factores de estrés que se está volviendo más problemático en muchos suelos, es el aporte excesivo de metales pesados, sales y de algunos minerales traza. En todos los casos, se ha demostrado que el Silicio mitiga el estrés.

El cobre (Cu) puede acumularse en el suelo debido al uso excesivo de fungicidas, los humatos son una herramienta importante para neutralizar los efectos negativos asociados con este exceso.

El Silice (dióxido de silicio) ha sido eficaz para mitigar el efecto de una variedad de metales pesados; pero una investigación reciente de EE. UU, sugiere que el Silicio puede ser una herramienta de manejo viable en suelos con alto contenido de cobre. J. Li, J. Frankz y S. Leisner, trabajando en cultivos de flores en Ohio, encontraron que el Silicio podía mitigar de manera muy efectiva el estrés por toxicidad de Cobre y ésta recuperación se midió en múltiples niveles.

Por otra parte, investigadores suecos, trabajando en suelos contaminados con Cadmio encontraron que cuanto mayor es el nivel de Silicio en la planta, menor es el nivel de Cadmio, de hecho, había un 60% menos Cadmio en los granos tratados con Sílice.

En una interesante investigación rusa en trigo, se demostró que el Sílice (dióxido de silicio), mitiga el estrés por salinidad de manera realmente extraordinaria. El trigo es notablemente susceptible a alta salinidad, de aquí que la presencia de sal ocasionó una importante disminución en la fotosíntesis. En este caso, la aplicación de Silicio al suelo, produjo incrementos en la fotosíntesis de entre 158% y 520% dependiendo de la concentración de sal en el suelo. Este es uno de diversos estudios que destacan el vínculo entre el Silicio y el manejo de la salinidad.

Para manejar el agua de riego salina, es recomendable incluir pequeñas cantidades de ácido húmico y silicato de potasio en cada riego.

Un estudio realizado en Australia del Sur reportó una reducción del estrés por sequía y una reducción asociada en la presión de plagas después del tratamiento con Silicio. En este estudio se encontró que la aplicación de Silicio aminoraba el aumento por presión de insectos, que era una consecuencia directa de los altos niveles de Nitrógeno.

Si bien el alto contenido de Nitrógeno impide la absorción de Sílice, la aplicación de Sílice también puede compensar este mal manejo del Nitrógeno.

El estrés por frío se puede manejar con Silicio. Trabajando con bananos, científicos sudafricanos han demostrado que el Silicio protege a las plantas del daño por frío, y que un aumento asociado en el vigor, reduce la susceptibilidad del banano a la marchitez por Fusarium.

Esta mejora en la protección contra las enfermedades ha sido bien investigada. Un estudio japonés titulado “El silicio en el control de enfermedades del arroz, el sorgo y la soya”, encontró reducciones en la presión de la enfermedad conocida como mancha marrón del arroz, que variaban entre el 35% y el 75%. También se encontraron reducciones significativas en antracnosis, en sorgo tratado con silicio, y los resultados fueron muy impresionantes cuando se aplicó Silicato de potasio foliar para controlar la roya de la soya. Concluyeron su artículo con las siguientes palabras: “Los resultados de estos estudios subrayan la importancia del Silicio para aumentar la resistencia de las plantas a las enfermedades foliares”.

Originalmente se pensó que éste aumento en la resistencia a las enfermedades estaba relacionado con el “efecto barrera” vinculado al incremento en la firmeza celular; ahora se sabe que también se relaciona con el fortalecimiento de la inmunidad de las plantas.

INMUNIDAD BASADA EN SILICIO

Una de las corrientes de investigación más dinámicas en las ciencias agrícolas se relaciona con la investigación de la inmunidad vegetal y los factores desencadenantes que activan a las plantas para librar sus propias batallas.

Actualmente se sabe que la planta tiene un sistema inmunológico que se puede manejar y fortalecer. El ácido salicílico, por ejemplo, el quimico en el que se basa la aspirina, activa el sistema inmunológico de la planta. El Aloe vera es la fuente natural más rica de este compuesto y muchos productores se benefician de la inclusión del extracto de esta planta en sus programas de manejo.

Se ha descubierto que el Silicio desencadena la producción de una serie de compuestos que promueven la inmunidad. Este mineral ahora se considera una herramienta integral en el manejo proactivo de plagas, ya que ofrece protección por fortaleza celular, y al mismo tiempo estimula un sólido sistema de defensa. Los compuestos fenólicos forman parte de éste sistema de defensa y se reconocen como factores clave en la protección de los árboles de aguacate ante Phytophthora cinnamomi. T.F Bekker y colaboradores, de la Universidad de Pretoria, realizaron una investigación que demostró que las aplicaciones de Silicato de potasio en suelos afectados por ésta enfermedad, aumentaron el contenido fenólico total del tejido de la raíz del aguacate.  Es interesante notar que la respuesta inmune basada en Silicio, es más pronunciada cuando existe presión de enfermedad.

Un artículo español acerca del control potencial del Silicio en mildiú polvoriento, reportó que la inclusión de aminoácidos con el fertilizante de Silicio mejoraba la respuesta.

Investigadores rusos han planteado la hipótesis de que el sistema inmunológico de las plantas requiere compuestos de sílice móviles y si hay altos niveles de sílice disponibles para la planta, habrá una síntesis adicional de moléculas de protección contra el estrés.

Un esfuerzo de investigación cooperativo entre científicos estadounidenses y japoneses mostró que la resistencia relacionada con el Sílice implica múltiples vías y que la enmienda de este mineral modifica claramente las señales de defensa de la planta aumentando su resistencia a las enfermedades.

Referencia: “Silica – The hidden cost of chemicals” Graeme Sait

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Silice, el costo oculto de los productos químicos

El Silicio es un mineral importante del que la mayoría de los análisis de suelo ni siquiera verifican su existencia. Puede estimular la fotosíntesis, incrementar el contenido de clorofila y la resistencia al estrés, prevenir el acame, mejorar la fertilidad del suelo, aumentar la resistencia a la sequía y la tolerancia a la salinidad. Asimismo, puede reducir la presión por presencia de plagas y enfermedades y el daño por heladas, reducir las tasas de riego, neutralizar la toxicidad por metales pesados y contrarrestar los efectos negativos del exceso de sodio.

Este mineral generalmente escaso o carente en muchos suelos, también puede aumentar el crecimiento de las raíces, incrementar el rendimiento y mejorar la calidad del cultivo; por lo que ha sido un grave descuido haber descuido haber ignorado su presencia.

DEFICIENCIA EN UN MAR DE ABUNDANCIA

El Silicio no está clasificado como un nutriente esencial, pero en respuesta a una gran cantidad de hallazgos que destacan su importancia, quizá este estatus pueda cambiar. Es el segundo mineral más abundante en el planeta, está en todas partes. Las arcillas son aluminosilicatos (contienen oxido de aluminio y silice) y la arena en gran parte es Silicio, entonces, ¿Cómo podría haber déficit de este elemento? La respuesta radica en la forma de Silicio que ingresa a la planta. Las plantas absorben el Silicio como ácido silícico y esto es lo que falta en el suelo. Algo de lo que se ha hecho en la agricultura convencional parece haber afectado la conversión del Silicio insoluble a la forma disponible para la planta. Esto puede estarnos mostrando un desequilibrio mineral, o bien, puede que se hayan eliminado algunas de las especies de microorganismos del suelo que solubilizan el Silicio. Aún no se sabe qué provocó la deficiencia generalizada, pero lo que sí sabemos es que un suelo sano, supresor de enfermedades, debe contener 100 ppm de ácido monosilícico (que es la forma como el silicio se mide en un análisis de suelo), y muy pocos suelos se acercan a esa cantidad.

Hasta hace poco tiempo, se desconocián las múltiples funciones que desempeña este mineral. Se sabía que estaba presente en todos los suelos, pero fue sólo cuando se volvió menos disponible para las plantas, que se entendió que puede haber un vínculo entre esa pérdida y una serie de problemas de crecimiento.

Este mineral ignorado, está resurgiendo como una pieza clave en el manejo proactivo de plagas y enfermedades y la producción de alimentos ricos en nutrientes.

LA FIRMEZA CELULAR ES RESISTENCIA

La pared celular en las plantas es una barrera que es necesario romper para tener acceso al interior de la celula vegetal. Un hongo patógeno debe perforar con sus hifas dicha pared para poder consumir el nutritivo medio celular. Una vez que logra este objetivo, tiene acceso a la fuente de alimento que fomenta su proliferación, y de esta forma nace una enfermedad.

Podemos ver que hay una oportunidad obvia para detener la actividad del patógeno. ¿Qué sucede si fortalecemos esa pared celular para que las hifas se doblen y no puedan penetrarla? La respuesta es simple: la enfermedad no puede establecerse y no se propagará. Y de igual forma, ¿Por qué un insecto masticador* elegiría desgastar sus piezas bucales en plantas reforzadas con Silicio, cuando puede ir a alguna otra parte a consumir algo más suave?

Muchos artículos publicados han confirmado el potencial que tiene una buena nutrición con Silicio para aumentar la resistencia a plagas y enfermedades.  Uno de ellos reportó que el Silicio soluble aplicado en “drench” tuvo un efecto inhibitorio equivalente al uso del ácido fosforoso en el manejo de Phytopthora en aguacate, sin embargo, las plantas tratadas con Silicio tuvieron raíces y copas mucho más vigorosas. En otro estudio se demostró que el Silicio ofrece un manejo efectivo de la Sigatoka negra en banano. Otros documentos señalaron su eficacia contra la Roya marrón (Puccinia melanocephala) en caña de azúcar, el mildiu polvoriento en cucurbitáceas, el marchitamiento por Fusarium en papa y el Tizón del arroz (Pyricularia grisea). Increiblemente, la planta comprende el potencial protector del Silicio, incluso si nosotros no lo hacemos. Cuando comienza una enfermedad, la planta envía todo el Silicio disponible al sitio del ataque para fortalecer las células circundantes y detener o retrasar la propagación del patógeno. Sin embargo, hay un problema, el Silicio es inmóvil una vez incorporado a la pared celular, por lo que debe haber un suministro constante para que la planta pueda utilizarlo en esos momentos. Como se mencionó anteriormente, la mayoría de los suelos contienen menos de la mitad del Silicio soluble requerido, por ello, puede haber beneficios significativos en las aplicaciones foliares de este elemento a la primera señal de una enfermedad ya que esto puede detener su propagación. Cabe mencionar que muchos productores están utilizando ésta estrategia exitosamente.

EL SILICIO Y LA ENERGÍA SOLAR

La fotosíntesis es el proceso más importante del planeta. Las plantas verdes son la única fuente de alimento y la función principal de un agricultor es el manejo eficiente de dicho proceso. El Silicio es un promotor efectivo de la fabricación de azúcares en la planta, ya que respalda la fotosíntesis en diversas formas.

La hoja es esencialmente un panel solar, cuyo envés también sirve para capturar el CO2 a medida que es expelido por las raíces y la vida del suelo. Cuanto mejor dispuesto esté ese panel, la captura de luz solar, agua y CO2 (los tres componentes de la fotosíntesis), será más eficiente. En este sentido, el Silicio fortalece el tallo y mantiene el panel en una posición ideal, siendo menos probable que la planta se “cuelgue” en condiciones cálidas y más probable que la fotosíntesis se maximize.

Los minerales son los principales protagonistas en la ecuación de la fotosíntesis. La aparición de manchas, rayas, colores pálidos y/o decoloraciones debidas a deficiencias de minerales, ponen de manifiesto un mal manejo de la clorofila. A veces, el problema no sólo es la falta de nutrientes, sino su suministro al cultivo. El Silicio puede tener un gran impacto en la absorción de minerales. El xilema y el floema son las vías que encauzan la absorción y la translocación de los minerales al interior y dentro de la planta. Estas vías están constituidas de Silicio, por lo que su funcionamiento se verá afectado en la ausencia de dicho elemento.

El Calcio es un ejemplo de un mineral muy mal translocado, que se aprovechará en forma más eficiente en la medida que las vías de nutrientes sean amplias y adecuadas.

El Boro tiene sinergia con el Calcio (puede mejorar su desempeño), pero recientemente se ha descubierto que también promueve la absorción de Silicio. El Boro solubiliza el Silicio insoluble, por lo que es una buena idea combinar Boro, Calcio y Silicio en un programa de nutrición a fin de maximizar el efecto sinérgico de los tres.

Una estrategia popular implica la aplicación de Boro al suelo a finales del invierno para activar la liberación de Silicio. Este Silicio soluble se utilizará para formar las vías (xilema/floema) que mejorarán la lenta absorción del Calcio necesario para la división celular que ocurrirá durante el flujo de primavera.

EL TRIACONTANOL, REGULADOR DE CRECIMIENTO VEGETAL

El triacontanol (TRIA), es un alcohol primario de cadena lineal larga (C30H61OH) que ha sido reconocido como un importante regulador del crecimiento de diversas plantas. El TRIA ha incrementado el crecimiento, el rendimiento, la calidad y los procesos fisiológicos de algunas plantas medicinales, entre las que se encuentran: Artemisia annua, Coriandrum sativum, Cymbopogon flexuosus, Lavandula dentate, Mentha arvensis, Papaver somniferum, etc. (Naeem, y otros, 2019). Se encuentra en las ceras vegetales de la cutícula y en la cera de abejas. (Wikipedia, 2019), tiene un peso molecular de 438.8 y un punto de fusión de 88 ° C; es relativamente soluble en hexano, cloroformo y éter (0.1 a 1.0 mg / ml) pero casi insoluble en solventes polares, particularmente agua.

El TRIA fue identificado por primera vez en 1933 por Chibnall como un componente natural de las plantas. Los estudios iniciales en 1975 mostraron que la alfalfa (Medicago sativa) picada en trozos aumentaba el crecimiento de las plantas cuando se aplicaba en banda (como si fuera fertilizante) al lado de las semillas o plántulas en los cultivos.

Una aplicación de 117 kg/ha de alfalfa seca, aumentó los rendimientos de tomate en 10 toneladas por hectárea; también se obtuvo un incremento en el rendimiento de pepino y lechuga como consecuencia de este tipo de aplicaciones. A partir de entonces se ha demostrado que la alfalfa aumenta el crecimiento y el rendimiento de los cultivos.

Por otra parte, los análisis de Nitrógeno en hojas de lechuga mostraron que las aplicaciones de alfalfa también produjeron un aumento en la concentración de Nitrógeno total, pero el contenido de éste fue menor que en las lechugas que recibieron Nitrato de Amonio. Los niveles promedio de Nitrato fueron similares en las lechugas que recibieron tratamientos de alfalfa y en los testigos; pero los niveles de Nitrato en las plantas que recibieron Nitrato de Amonio adicional fueron 54% más altos que en las lechugas tratadas con alfalfa. Estos datos indican que el aumento en el rendimiento de la lechuga no se debió únicamente al Nitrógeno presente en la alfalfa.

Se demostró que factores adicionales presentes en la alfalfa o asociados con ella, como el caso del Nitrógeno, otros nutrientes, microorganismos y materia orgánica; no fueron responsables del mejor crecimiento y rendimiento. Por lo tanto, se pensó que había alguna otra sustancia que, en concentraciones muy bajas, estimulaba el crecimiento de las plantas ya que los extractos de alfalfa aplicados a plántulas de arroz desarrolladas en cultivo in vitro estimularon su crecimiento. Posteriormente, se aisló una sustancia cristalina de la fracción del heno de alfalfa soluble en cloroformo, la cual se identificó como TRIA mediante cromatografía de gases-líquido-espectrometría de masas (GC-MS). (Kies & Sutte, 1985)

La mayoría de los estudios sobre ceras vegetales han demostrado que el TRIA es uno de los muchos alcoholes de cadena larga presentes en ellas. El TRIA se encuentra predominantemente en las ceras epicuticulares de diversas especies, como alfalfa, uva, arándano, trigo, centeno, y piñón.

Uchiyama y Ogasawara extrajeron TRIA de tejido de callos en arroz (Oryza sativa) y lo compararon con el encontrado en extractos de cera de hojas jóvenes de arroz; éste fue el único alcohol primario encontrado en la cera de las hojas de arroz. Dicha observación puede explicar por qué otros han descubierto que el TRIA estimula el crecimiento de callos en otras especies.

El TRIA es ubicuo en el suelo y otros ambientes biológicos. Los análisis de Kolker muestran que este alcohol es un componente de todas las plantas y ambientes. La aparición de componentes de cera no se limita a las células epidérmicas o la cutícula del tejido de la hoja, los hidrocarburos de cadena larga están presentes en los cloroplastos y en el tejido mesofílico (Kies & Sutte, 1985).

Los primeros estudios demostraron que el TRIA mejoraba el proceso fotosintético en las plantas. En 1968, Eriksen y sus colegas notaron un marcado aumento en el crecimiento y el peso seco en las investigaciones realizadas con este compuesto, y lo atribuyeron a mejoras en dicho proceso y al aumento asociado en la producción de fotosintatos (aumento en los grados Brix). Brix es un indicador de los sólidos disueltos (incluidos azúcares), que se mide fácilmente con una herramienta manual simple llamada refractómetro. El medidor de grados Brix se considera un equipo esencial para cualquier productor que quiera monitorear sus cultivos. Cuanto más altos sean los grados Brix en la planta, mayor será su resistencia, productividad, sabor y vida útil de la parte comestible.

Diversos estudios realizados con TRIA han demostrado una mayor tasa de fijación de CO2 (frecuentemente superior al 30%); otros han revelado una mayor actividad de una enzima relacionada con la fotosíntesis llamada RUBISCO. En 1992, Savithiry y sus colaboradores reportaron una mayor actividad de la enzima respiratoria malato deshidrogenasa y en algunos otros estudios se encontraron incrementos en la producción de clorofila y carotenoides.

Cuando una planta fotosintetiza y respira de manera más eficiente, ocurren los resultados positivos previamente mencionados (Sait, 2019).

Existen diversos reportes científicos que demuestran el potencial del TRIA para aumentar el contenido de compuestos medicinales en las plantas y también aumentar el contenido de aceites esenciales. Se han reportado niveles más altos de curcumina en la cúrcuma tratada, mayor contenido de carotenoides en múltiples cultivos y también algunas mejoras importantes en la cantidad de aceites esenciales en diversos cultivos (Sait, 2019).

REFERENCIAS

Kies, S. K., & Sutte, C. A. (1985). Regulation of plant growth with triacontanol. Critical Reviews in Plant Sciences, 239-285.

Naeem, M., Abid Ali, A., Tariq, A., Masidur, A., Masroor, M., Khan, A., & Uddin, M. (2019). Triacontanol Improves Production of Anticancer Alkaloids in Catharanthus roseus L. Asian Journal of Pharmaceutical Research and Health Care, 21-27. Obtenido de https://www.researchgate.net/profile/Abid_Ansari3/publication/337418894_Triacontanol_Improves_Production_of_Anticancer_Alkaloids_in_Catharanthus_roseus_L/links/5de8dd9d92851c836462aeab/Triacontanol-Improves-Production-of-Anticancer-Alkaloids-in-Catharanth

Sait, G. (13 de Junio de 2019). Photo Synergy – Yield Building with Brix-Fix. Obtenido de Nutrition Matters: https://blog.nutri-tech.com.au/photo-synergy-yield-building-with-brix-fix/

Wikipedia. (9 de Septiembre de 2019). 1-Triacontanol. Obtenido de Wikipedia La enciclopedia libre: https://es.wikipedia.org/wiki/1-Triacontanol

Afidos. Formulaciones Botánicas para su control

afidos

Los pulgones son insectos de cuerpo blando pertenecientes a la familia Aphididae. Se reproducen por partenogénesis, por lo que pueden hacerlo muy rápidamente. Cuando las poblaciones alcanzan una densidad crítica, se producen adultos alados, los cuales vuelan en busca de nuevas zonas de alimentación, dejando atrás la antigua colonia. Esto les ayuda a sobrevivir porque, una vez que sus poblaciones se vuelven demasiado densas, sus enemigos naturales irrumpen en ellas para reducirlas considerablemente.

El principal factor ambiental que debilita las poblaciones de pulgones son las lluvias fuertes. Cuando hay largos períodos sin lluvia o bien los cultivos se producen en ambientes protegidos, como túneles o invernaderos; las poblaciones de áfidos pueden crecer excesivamente. En este caso, las formulaciones de plaguicidas botánicos pueden ser una alternativa para apoyar a reducir sus poblaciones (National Center for Appropriate Technology, 2016).

AJO

Se encontró que el extracto de ajo al 2.0% mata aproximadamente el 75% de los pulgones en 24 horas en esquejes de plantas de té. Los investigadores hicieron una solución moliendo 50 gramos de ajo seco, remojándolo en agua durante 24 horas y finalmente filtrándolo a través de un paño de muselina. Para su aplicación, diluyeron 50 mililitros del extracto en 2.5 litros de agua (Sohail et al., 2012).

Otro estudio evaluó el uso de extractos de ajo en plantas de lechuga. Esta investigación demostró que el ajo perdía eficacia rápidamente, por lo que reaplicar el tratamiento es muy importante. La solución se elaboró con seis dientes de ajo grandes, triturados y remojados en 30 ml de aceite vegetal durante toda la noche; posteriormente se filtró y se diluyó en 2 litros de agua (Rawleigh y Boyd, 2008). Como con otras formulaciones botánicas, la eficacia del producto final dependerá de muchos factores y es posible que se tenga que experimentar para encontrar la concentración más efectiva. Vale la pena señalar que otro investigador descubrió que las parcelas tratadas con ajo tenían mayores poblaciones de “mariquitas” (Coccinellidos) (Wale, 2004).

ROMERO

En un estudio, el aceite esencial de romero (Rosmarinus officinalis) a una concentración de 1000 partes por millón (ppm), ó 17 gotas en un litro de agua, eliminó más del 57% de los áfidos de Myzus persica después de 48 horas de su aplicación (Hakimi et al., 2015). Los investigadores aumentaron la concentración de aceite hasta 100,000 ppm, lo que aumentó un poco el porcentaje de muertes a las 24 horas, pero la mortalidad a las 48 horas se mantuvo casi igual. Esto sugiere que el aceite de romero es volátil y deberá reaplicarse con frecuencia para que sea efectivo. Los extractos crudos de romero fueron ineficaces para matar áfidos (Nia et al., 2015), pero pueden ser útiles para repelerlos. Este mismo estudio obtuvo resultados muy efectivos al usar extractos de éter de romero, pero no ocurrió así con los extractos crudos o de etanol.

HOJAS DE PAPAYA

Se descubrió que los extractos de hojas de papaya reducen significativamente las poblaciones de áfidos del algodón (Aphis gossypii) en ocra. Un grupo de investigadores utilizó 100 gramos de hojas frescas maceradas en 1.0 litro de agua, se dejó que la mezcla reposara durante la noche y luego se filtró y mezcló con otro litro de agua (Zobayer y Hasan, 2013).

En otro experimento se usó el extracto de hoja de papaya (Carica papaya) para combatir los mismos pulgones tanto en berenjenas como en ocra. La aplicación del extracto redujo la población de pulgones a la mitad, en comparación con el grupo de control (Mochiah et al., 2011). En ambos casos se agregaron 10 ml de emulsión de pescado y jabón como adherente.

MENTA

La menta se ha utilizado tradicionalmente como planta acompañante para repeler pulgones. Un grupo de científicos utilizó extractos de menta (Mentha microphylla) para eliminar áfidos. Dicha solución sólo eliminó entre un cuarto y un tercio de la población y los investigadores encontraron que las fracciones altamente refinadas fueron más efectivas que los extractos crudos (Sayeda et al., 2009).

Otro miembro de la familia de la menta que afecta a los pulgones es la “menta gatuna” (Nepeta cataria); las soluciones concentradas de extractos de esta planta pueden eliminarlos. Un investigador encontró que una solución de 14.0 mililitros por litro de aceite esencial de “menta gatuna” en agua eliminó el 90% de los pulgones de la col (Pavela, 2006). Es importante tener cuidado de no utilizar muy altas concentraciones de este aceite ya que, en el mismo estudio, una solución de 25.0 mililitros por litro produjo quemaduras en las hojas de col.

Los científicos han descubierto que los enemigos naturales de los pulgones detectan las nepetalactonas presentes en la “menta gatuna”, y se mueven en busca de sus presas (esta molécula imita la hormona sexual que producen algunas especies de pulgones) (Birkett y Pickett, 2003).

Referencia:
National Center for Appropriate Technology. (Junio de 2016). Aphids-Botanical Control. Obtenido de ATTRA Sustainable Agriculture.: https://attra.ncat.org/product/aphids-botanical-control-formulations/

 

Cómo se Benefician los Cultivos de las Poblaciones Activas de Microorganismos del Suelo Parte 4

Consideraciones relevantes

1.Los nutrientes provenientes de la digestión microbiana y específicamente de la digestión bacteriana, están presentes en el perfil del suelo en forma de quelatos de aminoácidos y de ácidos orgánicos. A diferencia de lo que ocurre con el Calcio y algunos otros iones que se encuentra unido a los coloides de arcilla (gracias a la Capacidad de Intercambio Catiónico), en este caso, por ejemplo, se tiene un aminoácido como la glicina o bien un ácido orgánico, como el ácido cítrico o el ácido carbónico, que pueden estar ligados a un ion de Manganeso, o de Zinc o de Fierro y lo están reteniendo en el suelo. Estos quelatos de aminoácidos o de ácidos orgánicos frecuentemente se combinarán con el material orgánico presente en el perfil de suelo. No es tanto que se encuentren unidos a las partículas del suelo (coloides de arcilla), sino que están presentes en el humus del suelo; de hecho, es la fracción húmica que los mismos microorganismos que se inocularon en el otoño, han ayudado a formar durante los meses de invierno.

2. Cada planta prospera en un nicho ecológico específico. Sabemos que las plantas de tomate requieren de un perfil biológico y mineral de suelo diferente al de los arándanos, estos a su vez requieren de un perfil biológico y mineral diferente al de la alfalfa y los requerimientos de ésta son diferentes a los del maíz. Asi tenemos que, cada cultivo se desarrolla mejor en determinados valores de pH del suelo, perfiles específicos de minerales y lo que es muy importante, perfiles biológicos específicos.

3.Se ha debatido mucho acerca de la reducción de la presión por presencia de malezas con base en como se maneja el perfil mineral del suelo. Hay un par de libros importantes sobre este tema, uno de ellos se titula “Control de malezas sin venenos” de Charles Walters y el otro es “Malezas y por qué crecen” de Jay McCaman. Ambos se centran en el manejo del perfil mineral del suelo para cambiar el perfil que es requerido por la maleza. Si bien es cierto que esta es una estrategia muy útil y eficaz, en cierta forma es incompleta, ya que, además del perfil mineral del suelo es muy importante manejar su perfil biológico. Cuando este cambia por efecto de la aplicación de inoculantes en combinación con estimulantes microbiológicos, mejora la floculación y la porosidad, lo que a su vez tiene un marcado efecto en todas las malezas que prosperan en suelos muy compactos e impermeables; es el caso de todas auqellas que tienen rizomas (white grass, gloria de la mañana, cola de zorro, cardo canadiense), y algunas otras que prosperan en este tipo de suelos.

Las aplicaciones de inoculantes y bioestimulantes bacterianos pueden tener un impacto en las poblaciones de las malezas mencionadas al cambiar la comunidad microbiana de los suelos.

4. Los nutrientes provenientes de la digestión microbiana se mantienen en los suelos en forma de quelatos. Estos quelatos tienen a ser muy estables debido a que se unen a las sustancias húmicas y a la fracción de la materia orgánica (en lugar de hacerlo a los coloides del suelo), por lo que no se lixivian, es decir que no se mueven con el agua a través del perfil. Prácticamente la única forma en que van a salir del suelo es por el efecto de erosión de sus partículas, de aquí que algunos de esos nutrientes también se pierden, sin embargo, en su mayor parte no se percolan a través del perfil. Esta característica puede ser una estrategia útil de manejo. Digamos que si un productor considera que necesita aplicar 100 libras de Nitrógeno en el otoño, lo cual quizá no tiene mucho sentido, pero si por alguna razón necesita hacerlo en esta época (debido a la disponibilidad de la aplicación, etc.), puede desencadenar un proceso de digestión bacteriana y convertir todo el Nitrógeno aplicado en aminoácidos, lo que significa que será mucho más estable y no se perderá a través del perfil del suelo.

5.Con base en diversas experiencias de campo, podemos pensar que es posible desarrollar sistemas de suelo con comunidades microbianas tan variadas y activas que nos permiten llegar al punto en el que no se produce ningún beneficio adicional al aplicar fertilizantes que contengan aminoácidos y leonardita.

Una vez que se cuenta con este tipo de comunidades microbianas en el suelo, es probable que la necesidad de aplicación de fertilizantes disminuya considerablemente ya que realmente pueden suministrar casi todos los requerimientos nutricionales de los cultivos siempre y cuando los nutrimentos y minerales necesarios estén presentes en el perfil geológico del suelo. De esta forma, si se tienen suelos a base de piedra caliza y se cuenta con una biología activa, nunca debería existir la necesidad de aplicar Calcio, lo mismo ocurre si se tienen suelos abundantes en Potasio y Fósforo, una vez que se tiene una biología de muy alto rendimiento, no es necesario continuar aplicando estos elementos.

Desde luego que tomará algún tiempo lograr ese nivel de actividad biológica, pero es un objetivo alcanzable y realista. En este sentido, hay una serie de agricultores que han obtenido resultados notables y están produciendo cultivos de muy alto rendimiento para sus condiciones climáticas y las caracterísiticas de su entorno, sin aplicación de fertilizantes, solo como resultado de tener poblaciones bacterianas abundantes y activas.

6. La aplicación de inoculantes biológicos como tratamiento a la semilla, no es del todo compatible con las aplicaciones de pesticidas. Generalmente, nuestro objetivo al realizar aplicaciones de inoculantes microbianos y bioestimulantes, es desarrollar todo un sistema y ecosistema agrícola en el que podamos eliminar la necesidad de emplear pesticidas. Se trata de crear un ecosistema tan activo y tan sano, que ya no necesitemos de fungicidas, insecticidas, herbicidas, etc. Las aplicaciones de agroquímicos definitivamente son un factor limitante, ya que tienen un efecto supresor en la biología del suelo; por ello, nuestro objetivo debería ser llegar a un punto en el que los utilicemos mucho menos, e incluso tal vez podamos eliminarlos completo, si esa es nuestra meta. Sin embargo, para llegar del punto A al punto B tenemos que ganarnos el derecho de reducir las aplicaciones de pesticidas y esto podemos hacerlo mediante el manejo de inoculantes microbianos y bioestimulantes para primero hacer del suelo un ecosistema mucho más activo y eficaz.

7. Un quelato se considera una molécula orgánica y la forma en la que se une a las sustancias húmicas se conoce como un “complejo”. Esto es similar a la manera en que las sustancias húmicas forman complejos con aniones como el Fosfato y el Nitrato. Técnicamente es Fosfato no es un ion, es un compuesto que resulta de la combinación de Fósforo y Oxígeno; lo mismo en el caso del Nitrato (NO3). En la reacción “acomplejante” que ocurre con las sustancias húmicas, el Carbono retiene estos quelatos y estos aniones.

Pocos agrónomos hablan de la capacidad de intercambio de aniones, estamos muy familiarizados con la capacidad de intercambio cationico, pero en el perfil de suelo también existe una capacidad de intercambio anionico que corresponde directamente a la presencia y la calidad de las sustancias húmicas.

8. Un alto contenido de sodio en el suelo puede suprimir el desarrollo de bacterias y hongos. Cuando los niveles de sodio disminuyen, la actividad microbiologica se recupera y se desarrolla mucho más rápidamente. Las poblaciones bacterianas necesitan una fuente de alimento para crecer y la mejor forma de proporcionar esta fuente de alimento es producir plantas verdaderamente sanas que continuamente estén traslocando muchos azúcares a las raíces. Esta estrategia es mas efectiva que las aplicaciones de composta y productos a base de pescado.

Económicamente no se puede competir con el motor fotosintético de las plantas, ya que no es posible suministrar suficiente composta para igualar lo que pueden hacer las plantas realmente sanas.

9. Las micorrizas necesitan de un sistema vivo de raíces para subsistir. Efectivamente la labranza daña las redes de hifas de los hongos y de hecho puede hacerlo en forma muy importante; sin embargo, cuando se produce un abono verde y se realizan practicas de labranza (incluso muy agresivas), pero inmediatamente se vuelve a sembrar o a plantar en ese suelo, pasamos directamente de un cultivo con un sistema de raíces vivo a otro, y en cuestión de días o semanas, las microrrizas pueden volver a adherirse a las raíces de las nuevas plántulas y asi crecer y restablecer su población.

Generalmente hay un efecto negativo y se pierden algunos hongos micorrícicos por efecto de la labranza, pero no se va a destruir el 100% en una sola ocasión. Una de las estrategias que se pueden utilizar para mitigar dicho efecto es no labrar toda el área. Si solo se trabaja una zona determinada y se deja una parte sin perturbar, la población de micorrizas puede permanecer viable en esta última y migrar nuevamente a la zona en la que se realizó la labranza. Esto puede manejarse tanto en forma horizontal como vertical. Es decir, si solamente se está labrando a 5.0, 7.5 ó 10.0 centímetros de profundidad y se tiene una población de micorrizas viable por debajo de ello, éstas pueden resurgir y repoblar el suelo. O bien si solo se está labrando una banda de 25 centimetros y se tiene una banda de 50 centimetros que no se ve afectada, pueden reaparecer y repoblar la zona perturbada.

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pino
Un pequeño pino cultivado en una caja de vidrio revela el nivel de filamentos micorrícicos blancos finamente ramificados o “micelio” que se adhieren a las raíces y alimentan a la planta. (David Read)

 

 

Cómo se Benefician los Cultivos de las Poblaciones Activas de Microorganismos del Suelo Parte 3

Cuando un inoculante bacteriano que se aplica en otoño a los residuos de cultivo, contiene cepas de bacterias con la capacidad de fijar Nitrógeno atmosférico en ausencia de leguminosas, se presenta una situación que no se ha considerado lo suficiente.

Las poblaciones bacterianas tienen un contenido de Nitrógeno extremadamente alto ya que las bacterias necesitan de este elemento para formar sus propias proteínas celulares (son células muy ricas en proteínas). Si recomendamos hacer aplicaciones de bacterias en residuos de cultivos con una relación C/N muy alta, digamos en rastrojo de maíz, que tiene una relación C/N de 20 a 1. Dado que las bacterias necesitan Nitrógeno para descomponerlo, si no lo aplicamos, lo tomarán del aire y lo usarán para compensar esta relación.

El aire que respiramos es 78% Nitrógeno, por lo que no debería existir la necesidad de aplicar más. Estas poblaciones de bacterias tienen la capacidad de secuestrar una gran cantidad de Nitrógeno en un solo período de 6 meses (desde otoño hasta la primavera) y se pueden ver muchos beneficios de esto en el cultivo del siguiente ciclo, hasta el punto en el que podemos reducir sustancialmente las aplicaciones de este elemento el año siguiente. En que cantidad se reducen, por supuesto depende de muchos factores, la sanidad del cultivo, el contenido de materia orgánica en el suelo, la humedad disponible, etc. Lo más importante es que no tenemos que adivinar cuánto Nitrógeno podemos reducir porque podemos medirlo con el análisis de savia.

Hay tres momentos en los que podemos incorporar la biología al suelo para producir los mayores efectos y lograr los mejores beneficios:

  1. Como tratamiento a las semillas (inoculación), lo cual es económico y muy efectivo; incluso si se trata de cultivos de cobertura.
  2. En ocasiones, en lugar de un tratamiento a las semillas, podemos aplicar inoculantes microbianos en el surco al momento de la siembra o plantación. Lo óptimo es colocarlos en el surco justo donde se coloca la semilla, o si es posible, justo debajo de ella. El objetivo es que en el momento en que la semilla germine, las raíces entren en contacto con los inoculantes microbianos para que puedan colonizarse totalmente a medida que la planta crece.
  3. Aplicación de inoculantes microbianos y bioestimulantes en otoño. Esta opción es la que tiene uno de los mayores impactos en cuanto a retorno de inversión (ROI) tanto por su efecto en el rendimiento como en la sanidad del suelo. En este caso no nos referimos específicamente a microrrizas, a menos que se este estableciendo un cultivo de cobertura (idealmente si se tiene suficiente humedad, debería sembrarse un cultivo de cobertura). Los hongos micorricicos necesitan de un sistema de raíces vivo para prosperar y sobrevivir, por lo que, si se tiene un suelo desnudo, solo con rastrojo de maíz, de soya o algo así, no hay beneficio de agregar hongos micorrizas en el otoño.

La aplicación de inoculantes bacterianos y estimulantes de buena calidad en esta época del año es muy valiosa ya que puede descomponer los residuos de cultivos, construir materia orgánica, liberar nutrientes (extraerlos de la matriz mineral del suelo) y ponerlos a disposición de las plantas durante 6 meses o más previo al establecimiento del cultivo. En el caso de maíz, por ejemplo, si la aplicación se realiza a finales de Septiembre u Octubre, después de que el cultivo ha sido cosechado, la población bacteriana continuará liberando nutrientes y haciéndolos disponibles, hasta que el suelo tenga un contenido de humedad tan bajo que no pueda continuar prosperando bien. Prácticamente se tiene desde Octubre hasta Julio, para construir una gran reserva de nutrientes que las plantas puedan absorber durante toda la etapa de llenado de fruto y de llenado de grano que es cuando más los necesitan (hay mayor demanda).

Se logra un efecto sinérgico al integrar el uso de un inóculo microbiano con un bioestimulante microbiano bien diseñado para proporcionar cofactores enzimáticos, enzimas y una fuente de alimento que impulse en forma eficiente el desarrollo de las poblaciones bacterianas en el perfil del suelo

Con la combinación de un bioestimulante de amplio rango y un inoculante bacteriano de múltiples especies podemos desarrollar suelos supresivos de enfermedades como Fusarium, Rhizoctonia, Pythium, Verticillium y Phytophthora. Asimismo, con Azotobacter y otras cepas de bacterias fijadoras, realmente podemos secuestrar Nitrógeno en el otoño y durante los meses de invierno para construir nuestro propio suministro en el sistema del suelo.

Muchos de nuestros suelos se han degradado con la aplicación de herbicidas y pesticidas, y necesitamos reinocularlos y restablecer algo de lo que falta. No es que debamos continuar con las aplicaciones de inoculantes microbianos y micorrizas durante un período prolongado, pero si es necesario hacerlo al menos por un periodo de 2 o 3 años hasta que hayamos establecido una población viable en el perfil del suelo.

Si alguien que esta recomendando un inoculante está sugieriendo que el mismo producto necesita ser suministrado año tras año durante diez años, eso significa que no está funcionando; no se está lográndo establecer una población viable.

Las micorrizas pueden ser una excepción ya que cuando se produce un cultivo como la canola o la mostaza, que no tienen simbiosis micorricica, puede haber un beneficio al reinocular el cultivo.

En general, debemos ser capaces de formar y desarrollar poblaciones viables de comunidades microbianas en el perfil del suelo. Siempre que les proporcionemos una fuente de alimento, es decir, que tengamos plantas sanas enviando azúcares al sistema de raíces para alimentar la biología del suelo, no deberíamos necesitar continuar aplicándolas año tras año.

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parte 3

 

 

Cómo se Benefician los Cultivos de las Poblaciones Activas de Microorganismos del Suelo Parte 2

Uno de los desafíos de nuestros modernos sistemas de producción agrícola es que, en muchos suelos, las prácticas de manejo de cultivo que se han adoptado, probablemente han ocasionado una fuerte supresión de su biología.

Por otra parte, muchos de los fertilizantes que se utilizan para aplicar Nitrógeno, Fósforo, etc. son considerados como fertilizantes con alto contenido de “sal”, y aunque este término generalmente se asocia con el cloruro de sodio, lo que realmente significa es que son productos con alta conductividad eléctrica, es decir, que trabajan como electrolitos creando un entorno desfavorable para la biología del suelo. De hecho, rápidamente suprimen y antagonizan tanto las poblaciones bacterianas como fúngicas.

Cuando se tienen suelos compactos, la labranza no siempre es conveniente. Si bien es cierto que en algún momento es oportuna; de la manera en que comúnmente se realiza se agrede al suelo, ya sea antes de sembrar o plantar, o bien al momento de hacerlo. Las prácticas de cultivo con las que repetidamente se introduce mucho oxígeno al suelo, tienen un efecto oxidante muy fuerte y suprimen la biología considerablemente. No obstante, estas son estrategias que muchos agricultores todavía están utilizando, por lo que no es suficiente simplemente detectar y reconocer que hay un problema; se debe hacer algo para solucionarlo.

Una alternativa es contrarrestar la parte negativa de lo que estamos haciendo. Por ejemplo, si tenemos la necesidad de seguir aplicando fertilizantes fosfatados y nitrogenados, entonces equilibremos su impacto en el suelo aplicando inoculantes microbianos y bioestimulantes en el momento apropiado, para que se pueden revertir sus efectos negativos en la biología del suelo. De igual forma debemos pensar como compensar los efectos dañinos que ocasionan algunas prácticas de labranza.

Una de las razones de aplicar inoculantes microbianos y bioestimulantes es digerir los residuos de cosecha (rastrojo), a fin de evitar la transmisión de enfermedades de un ciclo de cultivo al siguiente, ya que, sin biología en el suelo, este rastrojo es un hospedero de enfermedades durante la época invernal.

La experiencia en campo nos ha mostrado que los inoculantes microbianos pueden ser aplicados en el surco al momento de la siembra o plantación, como tratamiento a las semillas o bien, en aplicaciones otoñales. De hecho, estas últimas posiblemente sean las que nos den el mayor retorno de inversión (ROI). Son las menos costosas y las que producen la mayor respuesta económica de casi cualquier otra aplicación que el productor pueda realizar. Son particularmente efectivas en comparación con las aplicaciones de primavera, porque cuando se realiza una aplicación de un inoculante bacteriano en otoño, se tiene todo el invierno para extraer los minerales de la matriz mineral del suelo y hacerlos disponibles para la siguiente primavera.

Este es una de las causas por las cuáles en la producción de forraje para pastoreo, alfalfa por ejemplo, se obtiene lo que llamamos flujo de primavera; es decir que la producción del primer corte es extremadamente fuerte debido a que hay mucha humedad y a que se dispone de una nutrición abundante gracias a la actividad microbiana que se llevó a cabo durante los meses de invierno. Dicha actividad se produce aún cuando el suelo está congelado (muy lentamente, pero sigue ocurriendo). Es muy común, tener alfalfa en la que el primer corte es muy fuerte, el segundo corte es más débil, el tercer corte más débil, y así, gradualmente los cortes se tornan más débiles a lo largo de toda la temporada. Aunque esto es lo normal, no tiene porque ser así. En trabajos realizados con diversos productores de alfalfa, hemos observado que el tercer cuarto y quinto corte son iguales y en algunos casos excepcionales, presentan un rendimiento aún mayor que el del primer corte. La clave para lograrlo es asegurarse de tener una digestión bacteriana muy activa durante los meses de invierno a fin de lograr una cantidad de nutrientes disponibles mayor a la que se puede consumir en el primer corte. Escencialmente se está generando un excedente de nutrientes aprovechables en el perfil de suelo, que puede durar toda la temporada de crecimiento y que no se agote en el primer corte.

Una ventaja importante de contar con el análisis de savia es que realmente nos permite monitorear la absorción de la planta y sus requerimentos de Nitrógeno, Fósforo, Potasio y otros elementos. Mediante este tipo de análisis podemos saber, por ejemplo, si las plantas tienen o no suficiente Nitrógeno y así, de manera muy segura, reducir en cierto porcentaje las cantidades a aplicar de este elemento (particularmente en el caso de los cultivos extensivos como maíz, canola, granos pequeños, etc. pero también en otro tipo de cultivos). No se corren riesgos, ya que la reducción de la cantidad a aplicar no se hace porque se cree que es factible y finalmente se sufre una perdida de rendimiento, sino que el planteamiento se basa en datos reales obtenidos a partir del análisis de savia. Esto nos permite asegurarnos de que las plantas tengan suficiente Nitrógeno y lo que en realidad significa es que en muchos casos se está suministrando una cantidad mayor a los requerimientos del cultivo, especialmente cuando se realizan aplicaciones de inoculantes bacterianos y bioestimulantes.

fuente
bacterias