LA PRODUCCIÓN DE CARNE. NECESIDADES PARA UN FUTURO SOSTENIBLE 2da Parte

(Abbruzzini, y otros, 2018)

Ganadería en la cuenca del Usumacinta

Considerando las diferentes variantes y la gran heterogeneidad biogeoquímica de los paisajes tropicales, uno de los análisis del proyecto Usumacinta, tiene como objetivo diagnosticar la condición actual de los suelos en la cuenca del río, su vulnerabilidad al uso pecuario y su potencial de resiliencia al cambio climático. Para esto se seleccionaron sitios bajo ganadería extensiva, con monocultivos de pasturas, en un gradiente climático de 1,855 a 2,840 mm de lluvia anual a lo largo de la parte mexicana de la cuenca del río.

La ganadería bovina en la cuenca de estudio se practica en suelos que son naturalmente deficientes en fósforo, nutriente esencial para la productividad de las pasturas. La situación se agrava por las frecuentes inundaciones y la pérdida de fertilidad del suelo bajo uso pecuario, con consecuencias negativas para la engorda del ganado en la región.

Diferentes pastos forrajeros para diferentes ambientes

Se ha buscado resolver los problemas que afectan la productividad de las pasturas mediante la diversificación en la selección de especies cultivadas, pero el éxito de esta estrategia ha sido limitado. Por ejemplo, en regiones más propensas a inundaciones episódicas se han implementado pasturas mejoradas como Brachiaria humidicola, una especie de origen africano resistente al encharcamiento y de buena adaptación a suelos de fertilidad media a baja, pero de baja productividad, lo que provoca, de manera alarmante, la degradación física y química de los suelos que ya mencionamos. En condiciones donde los potreros se ubican en tierras no inundables, se cultiva otro pasto del mismo género,  Brachiaria brizantha, que tiene mayor valor nutritivo, pero que requiere suelos más fértiles que permitan alcanzar un mayor rendimiento, con lo que persisten las dificultades para mantener la adecuada calidad del suelo.

Por otra parte, en regiones más propensas a inundaciones por marejadas ciclónicas, como es el caso de los Pantanos de Centla, el cambio en el uso de la tierra ha facilitado la invasión de especies como el arrocillo (Echinochloa colona) y el zacate egipcio (Dactyloctenium aegyptium). Si bien estas especies son de potencial forrajero y se adaptan muy bien al encharcamiento e inundación y a los suelos salinos e infértiles de la región, tienen consecuencias negativas para la conservación de los ecosistemas nativos de la región, por ejemplo, el pukjté o selva mediana de pucté (Bucida buceras). El riesgo es que puedan convertirse en plagas graves e inhiban el crecimiento de las especies nativas. Ello ejemplifica cómo la composición de la pastura presente en cada región, ya sea sembrada o invasora, permite hacer inferencias respecto a la calidad de los suelos, su potencial para la producción animal y la vulnerabilidad de los predios a los eventos climáticos extremos.

Los suelos de la cuenca y su problemática

La cuenca del Usumacinta se asienta en materiales geológicos que dan origen a una gran variedad de suelos con diferentes capacidades de resistir a los impactos del cambio en el uso de la tierra. El clima de gran parte de la región tiene una temperatura (~25 ℃) y una lluvia media anual (mayor a los 2,000 mm) elevadas, condiciones que favorecen la degradación de los suelos por lavado de bases (cationes básicos del suelo) y erosión hídrica. Al desmontar la vegetación nativa de una selva y transformarla en sistemas ganaderos extensivos, se reduce el carbono y los nutrientes almacenados en los suelos y, al paso de unos pocos años, también se degradan las condiciones físicas (compactación del suelo, disminución en la infiltración del agua) y biológicas de los suelos (reducción de la diversidad microbiana del suelo), lo que disminuye la productividad de las pasturas y, por lo tanto, el rendimiento ganadero.

Ejemplos de la conversión de vegetación nativa (a la izquierda) a sistemas ganaderos extensivos (a la derecha) en distintas localidades de la cuenca del río Usumacinta. A) Marqués de Comillas, Chiapas; B) Frontera Corozal, Chiapas; C) Tenosique, Tabasco; y D) Pantanos de Centla, Tabasco. Fotografía T.F. Abbruzzini.

La situación se agrava en aquellas zonas de la cuenca donde la ganadería extensiva se realiza en zonas con pendientes de moderadas a fuertes, donde las capas superiores más fértiles del suelo se pierden por erosión. Esta pérdida de suelo y la degradación de su fertilidad han provocado que los ganaderos abran nuevos potreros utilizando la roza, tumba y quema de los parches remanentes de vegetación nativa.

Ante la degradación física, química y biológica de los suelos bajo uso pecuario en la cuenca, ahora se explora el desarrollo de proyectos para transformar la ganadería tradicional en agroecosistemas sostenibles y resilientes. Por ejemplo, en el sur de Chiapas, la Asociación Ganadera Local General del río Lacantun ha adoptado desde hace seis años un modelo de reconversión productiva de los sistemas ganaderos en colaboración con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). Sus nuevas estrategias de uso de la tierra sustituyen los monocultivos extensivos por sistemas silvopastoriles y el establecimiento de bancos de forraje.

Referencias:

Abbruzzini, T. F., Salazar Cabrera, U., Enrique, S., Zerquera Balbuena, G., Carabias, J., & Ocampo, J. (2018). Oikos UNAM. Obtenido de LA PRODUCCIÓN DE CARNE: NECESIDADES PARA UN FUTURO SOSTENIBLE: http://web.ecologia.unam.mx/oikos3.0/index.php/todos-los-numeros/486-produccion-de-carne

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