LAS PLANTAS ARVENSES: MÁS QUE HIERBAS DEL CAMPO

En México es común que en los campos tradicionales se cultiven varias especies al mismo tiempo. Esta es una particularidad de los sistemas agrícolas tradicionales en Mesoamérica, conocida como policultivo. Se le llama así porque diversas especies vegetales están presentes, convergiendo en un espacio común destinado a satisfacer diferentes necesidades humanas, principalmente de alimento. El policultivo es mucho más complejo de lo que en su definición se sugiere, ya que no sólo es la siembra de dos o más especies vegetales en un espacio confinado; en él también se establecen interacciones entre los organismos que lo habitan, ya sean las plantas, cultivadas o no, y los que llegan de manera espontánea, como pueden ser aves, roedores, insectos, hongos y bacterias, entre otros. No es extraño que los agricultores digan: “si comemos nosotros, por qué no dejar comer a los animales” haciendo referencia a pericos, conejos, gusanos cogolleros y demás. Por eso, afirmamos que la milpa es un ecosistema hecho por el ser humano, es decir, un agroecosistema y, como tal, está constituido por elementos florísticos, ecológicos y culturales muy particulares.

En términos florísticos, los policultivos están conformados por diversas especies sujetas a diferentes formas de manejo humano. Por un lado, tenemos a las plantas propiamente domesticadas, que los agricultores han seleccionado de manera intensa y directa con el objetivo de obtener características deseables para usarlas ellos mismos o para sus animales domésticos. También están las plantas consideradas como toleradas, que son especies que crecen espontáneamente en ambientes antropogénicos*, sin ayuda del ser humano, pero que tienen adaptaciones a las condiciones de manejo del policultivo. Adicionalmente tenemos a las especies fomentadas, que también son plantas no domesticadas con adaptaciones a estos ambientes, pero cuyas semillas guardan ocasionalmente los agricultores para sembrarlas en el siguiente ciclo agrícola, lo que representa una selección humana incipiente que, sin saberlo, asegura que crezcan profusamente. Estos dos últimos grupos de plantas, las toleradas y las fomentadas, conforman el grupo de plantas que se denominan plantas arvenses.

*antropogénico: de origen humano o derivado de la actividad del hombre

En términos ecológicos, las plantas arvenses juegan un papel muy importante en los sistemas agrícolas tradicionales, como son las milpas o los huertos familiares. Por ejemplo, se considera que son las pioneras en la sucesión en estos sistemas, es decir, son las que surgen primero cuando se abandona una milpa.

Los agricultores de Guerrero, Jalisco, Oaxaca, Puebla, entre otros, comúnmente hacen referencia al término huamil, para referirse a los terrenos en descanso de pocos años, en donde se observan muchas de las plantas arvenses como parte de la sucesión temprana. Además, las arvenses son importantes porque sus raíces forman una malla, la cual evita que el suelo se desprenda y por lo tanto disminuye el riesgo de erosión; también guardan humedad, dan sombra y participan en el ciclo de nutrientes. Algunas de ellas sirven incluso de “plantas trampa” al alimentar a herbívoros que se pueden convertir en plaga, pueden alojar insectos benéficos o repeler a los parásitos, por lo que favorecen interacciones benéficas para el agroecosistema. Debido a que los sistemas agrícolas tradicionales en Mesoamérica se desarrollan en diversas condiciones ecológicas (altitud, suelo, humedad, temperatura), biológicas y culturales (prácticas agrícolas), es frecuente que las plantas que ahí se cultivan evolucionen y se adapten a las condiciones particulares de cada lugar. Esta adaptación se debe a las complejas formas de manejo a las que están sujetas, por lo que es frecuente encontrar gran variación intraespecífica en muchas especies de arvenses.

En términos culturales, las arvenses también juegan un papel muy importante al satisfacer distintas necesidades humanas: alimento (como lo son los diferentes tipos de quelites), medicamento, forraje, ornamento, para construcción e insecticidas, entre otros usos.

Referencia:  Rendon-Aguilar, B., & Bernal-Ramirez, L. A. (Marzo de 2017). Las plantas arvenses: más que hierbas del campo. Oikos. Instituto de Ecología UNAM, 30-34

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