¿PUEDE LA AGRICULTURA AYUDAR A DISMINUIR LA CANTIDAD DE CO2 ATMOSFÉRICO?

Para poder entender un poco más el ciclo del Carbono, a continuación, algunos datos importantes:

1.- No podemos generar nuevo Carbono. La misma cantidad de átomos de Carbono siguen presentes en el planeta desde el principio de los tiempos y estos se mueven entre tres sistemas de almacenamiento que son: en el suelo como humus, en formas de vida, por ejemplo, plantas, animales y seres humanos, o bien en la atmósfera (como CO2 y metano). El carbono se mueve entre estos tres sistemas de depósito en un fenómeno llamado Ciclo del Carbono.

2.- La mayor parte del Carbono se almacena en el suelo. De hecho, la cantidad almacenada en el suelo en forma de materia orgánica es casi el doble de la cantidad almacenada en la atmósfera (1550 gigatoneladas, contra 800 gigatoneladas).

3.- Dos tercios del Carbono que una vez estuvo en el suelo ahora están en la atmósfera. Los niveles globales de materia orgánica han disminuido en promedio de 5.0 % a 1.5 % como consecuencia del modelo de agricultura industrial.

4.-Esa gran cantidad de Carbono, que históricamente estaba en el suelo, ahora es la principal causa del incremento en la cantidad de gases de efecto invernadero que atrapa el calor, calienta los océanos e impacta significativamente el clima.

5.-La solución es devolver el Carbono a donde salió. Cuando se produce materia orgánica en nuestros suelos, se está secuestrando Carbono atmosférico en ellos.

Los agricultores pueden ayudar a reducir el efecto invernadero, pero necesitan la participación de los microorganismos del suelo que se encargan de la producción de materia orgánica estable. Desafortunadamente, las prácticas agrícolas modernas han impactado seriamente a estos organismos productores de humus.

Hongos al rescate

A diferencia de las bacterias, los hongos crean humus estable, y esta forma de carbono permanece en nuestros suelos (y fuera de la atmósfera) durante al menos 35 años. La parte preocupante de esto es que los hongos benéficos responsables de la producción de humus estable, se encuentran en muy bajas poblaciones en nuestros suelos; han sido eliminados con el uso de fungicidas, herbicidas, nematicidas, labranza excesiva, largos períodos de barbecho y el uso de fertilizantes ácidos / salinos. Un grupo de estos organismos, los hongos micorrícicos, ha sido diezmado hasta el punto de que solo queda el 10% de la población original.

Existe una necesidad importante de apoyar nutrimentalmente a estos hongos benéficos con humatos, algas marinas y cultivos de cobertura; al mismo tiempo, necesitamos inocular nuestros suelos con más de estos hongos benéficos, lo que implica la aplicación de micorrizas y tés de composta dominados por hongos.

Los hongos micorrícicos liberan una sustancia pegajosa a base de carbono llamada glomalina, que es responsable del almacenamiento del 30% del humus en el suelo. En este sentido, una solución biológica que ayude a secuestrar el CO2 atmosférico hacia el suelo es la única opción viable para reducir el calentamiento global. La reducción en las emisiones puede ayudar a reducir este problema, sin embargo, lo más probable parece ser el incremento en éstas.

Es necesario devolver el Carbono al suelo y reconocer nuestra responsabilidad en la formación de humus como una tarea primordial. ¿Cómo se puede lograr esto de la mejor forma?

Recomendaciones para la producción de Humus

-Reducir las aplicaciones de herbicidas. Las plantas arvenses tienen una gran cantidad de Carbono, Nitrógeno y Azufre, pero estos tres minerales volverán a su forma gaseosa después de que se apliquen herbicidas. Estos 3 nutrientes son muy necesarios en la mayoría de los suelos, por lo que sería ideal poder incorporar estas plantas en el horizonte O del suelo (capa superficial)

-Incluir leguminosas junto con los cultivos de cereales y cultivos forrajeros. Las leguminosas, como el trébol, tienden a nutrir el componente fúngico de la red alimentaria del suelo. Los micelios de los hongos son los que unen el humus y los coloides de arcilla para crear macro-agregados. Los suelos en los que se forman más agregados tienen un mayor espacio poroso, por lo que existe un mejor intercambio gaseoso que promueve la vida aeróbica. Por otro lado, las leguminosas fijan nitrógeno atmosférico, y liberan exudados ácidos que ayudan a la solubilización de nutrientes como el Calcio y el Fósforo.

-Establecer cultivos de cobertura integrados por diferentes especies. La combinación de diferentes especies de plantas para crear un cultivo de cobertura tiene un efecto sinérgico que mejora la actividad biológica del suelo (además de mejorar su estructura). Se recomienda incorporar plantas de las siguientes familias: Poaceae (Pastos y Cereales), Brassicaceae (Crucíferas), Fabaceae (Leguminosas) y Amarathaceae (Quenopodiáceas). Estas dos últimas familias se incluyen en pequeñas cantidades porque liberan productos químicos que tienden a inhibir el desarrollo de hongos benéficos, sin embargo, siempre deben ser parte de la mezcla de plantas que conforme el cultivo de cobertura a fin de obtener la respuesta deseada.

-Incorporar humatos al suelo. El ácido húmico es un promotor importante de los hongos benéficos encargados de la formación de humus y de los cuales carecen la mayoría de los suelos. Estos hongos buscan los carbohidratos de cadena larga y los compuestos complejos que abundan en este componente natural, y cuando se restaura adecuadamente, promueve que el Carbono estable permanezca en el suelo y fuera de la atmósfera por mucho tiempo.

-Aplicar compostas al suelo. Las compostas son mucho más que un conglomerado de sustancias húmicas creadas mediante la aceleración y optimización del proceso natural de descomposición. Proporcionan una gran diversidad y cantidad de organismos benéficos que ayudan a formar humus en el suelo. Puede haber cinco mil millones de organismos en cada cucharadita de composta, esto involucra a más de 30,000 especies diferentes. Gran parte de las poblaciones de estos microorganismos se han reducido por el uso de fertilizantes ácidos / salinos, agroquímicos y el mal manejo de nuestros suelos.

-Minimizar las labores de labranza: La labranza destruye los hongos benéficos. Cada vez que abrimos el suelo introducimos oxígeno, el cual oxida un porcentaje del humus, y si se trabaja el suelo cuando está húmedo, entonces esa pérdida se multiplica varias veces.

El principal problema con la agricultura de labranza cero, gira en torno a la dependencia del glifosato. Este herbicida tiene muchos efectos negativos en la vida del suelo, el medio ambiente y nuestra salud, por lo que es necesario encontrar alternativas ante el uso de este compuesto.

-Incrementar la cantidad de lombrices de tierra. Estos organismos digieren y degradan los residuos de cultivos, producen nutrientes para las plantas e inoculan el suelo con un grupo único de bacterias benéficas, sin las cuales, la comunidad de vida del suelo está incompleta. La mayoría de los suelos contienen una fracción de su población original de lombrices y se paga un alto precio por ésta pérdida. Las lombrices de tierra son pequeñas fábricas de fertilizantes. El material compostado que excretan difiere enormemente del suelo circundante; de hecho, contiene diez veces más Potasio, siete veces más Nitrógeno, cinco veces más Fósforo, tres veces más Magnesio y 150% más Calcio. La lombriz convierte en composta los residuos de cultivos y otros compuestos orgánicos cuatro veces más rápido que cualquier otra forma de descomposición, además de airear la zona de las raíces y transportar minerales hacia ella, lo que favorece el crecimiento y la resistencia de las plantas. Si se pudiera llegar a tener 25 lombrices de tierra por palada de tierra, estas producirían 300 toneladas de excretas por hectárea por año, lo que representa una gran aportación de fertilizante gratuito.

-Mejorar la degradación del rastrojo. En un suelo verdaderamente activo, los residuos de cultivo deberían convertirse en una parte integral de éste en el transcurso promedio de seis semanas. Cuanto antes se pueda convertir el rastrojo en humus, mejor. Los organismos como Trichoderma son excelentes digestores de celulosa y se multiplican rápidamente en presencia de residuos de cultivos. Del mismo modo, los microorganismos anaerobios benéficos pueden ayudar a degradar estos residuos, al tiempo que proporcionan muchos otros beneficios.

-Proporcionar oxígeno a los organismos del suelo. El elemento más importante para el vigor y la resistencia de los cultivos no es el Nitrógeno, el Fósforo o el Potasio; es el gas que da vida a los microorganismos, plantas, animales y humanos: el Oxígeno. La relación Calcio/Magnesio es primordial, ya que ayuda a mejorar la estructura del suelo, favoreciendo el intercambio gaseoso. En este contexto, el yeso puede ser una valiosa herramienta, pues promueve la formación de agregados, y reduce los excesos de sodio y magnesio que son minerales determinantes de suelos compactos e improductivos.

Referencias:

Sait, G. (9 de Noviembre de 2017). Capturing Carbon – Supporting The Soil That Will Save Us. Obtenido de Nutrition Matters: https://blog.nutri-tech.com.au/capturing-carbon-supporting-the-soil-that-will-save-us

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