Como diagnosticar visualmente el hambre oculta y algunos desequilibrios minerales en plantas Parte 1

La apariencia de los cultivos que comúnmente vemos en campo y que hoy en día aceptamos como normal, podría no ser la que corresponde a plantas verdaderamente sanas. Al parecer durante los últimos 70-80 años, gradualmente ha surgido una nueva normalidad y se puede decir qué en los últimos 30 años se ha dado un cambio aún más acentuado en el que en ocasiones hemos visto que los cultivos se comportan de manera muy diferente a como lo hicieron en el pasado.

Por ejemplo, en el caso del maíz; hace más de 20 años se consideraba que en un cultivo verdaderamente sano, las plantas eran totalmente verdes. Todas las hojas desde la parte superior hasta llegar cerca de la base, se mantenían completamente verdes hasta la cosecha (ya sea que la planta se helara en el otoño o bien que el cultivo se cosechara), de hecho, esto lo podemos ver en las imágenes de algunos de los manuales de agronomía más antiguos, desde los años 70´s e incluso hasta los 80´s. Actualmente hemos llegado a aceptar como normal que las plantas de maíz morirán un día, que se tornarán completamente pajizas y que así llegaremos a la cosecha. De aquí que tenemos una generación de agricultores jóvenes, que ni siquiera reconocen que un cultivo de maíz verdaderamente sano, en realidad puede no verse así.

Otro ejemplo de lo que ocurre en maíz es que actualmente la mayoría de los cultivos tienen hojas con franjas, es decir que la zona que se encuentra entre las nervaduras es de un color considerablemente más claro; de tal manera que cuando las hojas se ven hacia la luz del sol, se puede observar un patrón de rayas en el que hay franjas alternas de color claro y oscuro. Esto ha llegado a ser tan común y predominante que se considera perfectamente normal (“así son las hojas de maíz”), y de hecho no lo es en absoluto cuando se trata de una planta de maíz verdaderamente sana. Muchos casos como éste se presentan en diversos cultivos (frutales, hortalizas y cultivos básicos), en los que lo que hemos llegado a observar y esperar como normal en realidad no es lo que era “normal” hace muchos años.

Ahora bien, cuando vemos en campo plantas de color verde oscuro, generalmente pensamos que se trata de un cultivo sano, sin embargo, no necesariamente es así, ya que puede haber mucho más detrás de lo que estamos viendo. Hay algunas señales muy sutiles, que podemos buscar y utilizar para diagnosticar el hambre oculta y los desequilibrios de nutrientes que no son necesariamente obvios de inmediato. Desde nuestra perspectiva, la premisa fundamental es que todos los cultivos experimentan hambre oculta. Si partimos de ese entendido, es exactamente lo contrario de lo que comúnmente se maneja hoy, ya que mucha gente cree que cuando un cultivo muestra un color verde oscuro y está creciendo bien, entonces esta sano.  Debemos cambiar ese paradigma y comenzar a actuar desde el hecho de que cada planta que vemos tiene algún tipo de hambre oculta que aún no hemos identificado. En el momento en que cambie nuestro marco de pensamiento y empecemos a ver las cosas desde una perspectiva diferente, seremos capaces de notar cosas diferentes aun cuando no las estemos buscando.

A partir de que comenzamos a usar el análisis de savia en muchos cultivos y en diferentes tipos de medio ambiente; en todas las regiones donde hemos trabajado (gran parte de América del Norte y del Sur), hemos visto que la mayoría de los cultivos que actualmente se producen, son deficientes en varios microelementos clave, como el Manganeso, Fierro, Molibdeno, Cobalto, Níquel y en cierta medida, dependiendo de la geografía, comúnmente vemos deficiencias de Cobre y Boro.

Las deficiencias de microelementos están muy extendidas, puedo decir con plena confianza, que las hemos encontrado en cada cultivo que hemos evaluado. No he visto un cultivo en el que todos los microelementos estén en equilibrio, ya que en muchas ocasiones no se les ha dado la debida importancia, aun cuando tienen una gran influencia en el rendimiento, calidad, sanidad y vigor de las plantas, lo que a su vez influye en la rentabilidad general de un cultivo.

Cuando empezamos a poner atención en los microelementos, es importante considerar que hoy en día muchos suelos no pueden suministrar todos los nutrientes que las plantas necesitan. Esto puede deberse a un sinnúmero de factores diferentes. Algunos suelos simplemente no tienen una base geológica, es decir, no se derivan de los minerales de roca ideales, que son necesarios para proveer todos los micronutrientes. Por otra parte, muchos suelos qué si tienen la base geológica, no cuentan con el Carbono la materia orgánica y la biología funcionales (que pudieron haber tenido hace 40 o 60 años), para poder liberarlos y ponerlos a disposición de las plantas. El Manganeso es un ejemplo de ello; la gran mayoría de los suelos en América del Norte tienen una cuantiosa reserva de este elemento en su matriz mineral, sin embargo, la mayoría de los cultivos que se están produciendo hoy en día son deficientes en Manganeso; esto se debe a que tanto la biología existente como las prácticas de manejo, han provocado que gran parte de éste elemento no sea liberado para el abastecimiento del cultivo y que permanezca inmovilizado.

Si bien es cierto que algunos perfiles geológicos de suelo no contienen lo que necesitamos y que posiblemente tengamos que agregarlo, hay muchos qué si tienen los microelementos que requerimos, pero en una forma no disponible para las plantas, en éste caso simplemente pueden liberarse mediante biología.

Muchas prácticas agronómicas convencionales pueden crear desequilibrios de nutrientes y hambre oculta, como por ejemplo las aplicaciones excesivas de productos no adecuados. Muchas de las aplicaciones de macronutrientes, entre las que se incluyen el uso de MAP, DAP y diversas formas de fertilizantes a base de ortofosfatos o polifosfatos que se emplean para suministrar Fósforo, o bien las aplicaciones de amoníaco anhidro ó urea para proveer Nitrógeno, en general, los productos altamente concentrados de Nitrógeno y Fósforo, así como de Potasio, frecuentemente producen desequilibrios de microelementos porque crean un entorno biológico en el perfil del suelo que suprime su liberación.  

En muchos casos, hemos encontrado que las deficiencias de nutrientes que los productores tienen en sus cultivos, son resultado directo de los excesos de productos que en algún momento han aplicado. Dentro de la agronomía y ya en la práctica agronómica, existe la idea de observar un análisis de suelo, un análisis foliar o un análisis de savia y aplicar más de aquello que se reporta como deficiente o faltante, lo que en muchos casos puede ser muy incompleto; de hecho, lo que deberíamos hacer es dejar de aplicar los excesos que están creando las deficiencias que estamos observando.

Otro aspecto importante del que debemos estar conscientes es que los desequilibrios de nutrientes tendrán un efecto importante   de supresión del rendimiento antes de que sean visualmente observables. Una vez que se manifiesta una señal muy sutil que nos indica que la planta tiene un desequilibrio nutricional, el rendimiento ya ha sido afectado considerablemente.

Retomando el planteamiento inicial de la existencia de una nueva normalidad en la apariencia y comportamiento de los cultivos en relación con la sanidad, ciertamente no sabemos de lo que es capaz una planta verdaderamente sana. Prácticamente desconocemos lo qué podrían hacer las plantas que estamos cultivando si no tuvieran todos estos desequilibrios de nutrientes. Muchos de los cultivos que estamos produciendo tienen un potencial genético de rendimiento al menos 5 veces mayor y en multiples ocasiones hasta 8 ó 10 veces más alto que el que actualmente estamos obteniendo. Obviamente hay diversos factores que intervienen en ello, pero la conclusión es que los efectos de todos los factores ambientales son mediados y amortiguados cuando se tiene la nutrición correcta y esto incluye los perfiles adecuados de microelementos. De aquí la importancia de detectar y abordar el hambre oculta.

Gran parte del desarrollo agrícola en los últimos 40 o 50 años, se ha centrado en mejorar la genética de los cultivos, a fin de obtener un mejor desempeño y un mayor rendimiento sin tener la conciencia de que, de hecho, con la gran genética que tenemos podemos dar un salto en rendimiento mucho mayor de lo que hemos podido lograr hasta este punto.

Hay una serie de cultivos en los que el manejo de nutrientes se ha estudiado muy de cerca y se han logrado enormes progresos en el rendimiento, un ejemplo de esto sería el cultivo de fresa en California, en el que en los ultimos 20 años se produjo un aumento promedio de 250 por ciento. Aunque ciertamente hubo mejoras genéticas en ese período, este aumento no se obtuvo como resultado de la genética, sino en gran parte por una mejor comprensión del manejo de la nutrición y el suministro continuo de nutrientes durante la temporada de crecimiento del cultivo con base en las necesidades de las plantas.

Todavía no hemos visto un efecto similar en el rendimiento en la mayoría de los cultivos con los que trabajamos (árboles frutales o cultivos básicos), por lo que tenemos un gran potencial genético que ha sido desarrollado y que podemos aprovechar completamente si manejamos adecuadamente la nutrición. En este sentido, el análisis de savia es una herramienta muy valiosa que nos permite identificar los desequilibrios nutricionales antes de que causen una expresión visual incluso muy sutil y así nos permite abordar el hambre oculta para poder llegar al siguiente nivel de manejo nutricional y de expresión genética de las plantas.

Fuente: “How to visually diagnose hidden hunger and mineral imbalances”
John Kempf. Advancing Eco Agriculture

 

hambre oculta textografica

 

 

 

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